Al Sr. Quint le han cortado internet en el limbo, así que me ha encargado vía ouija que ponga yo su propuesta.
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Fauré-Branciard: Jardin nocturne (de Mirages op. 113) ]</center>
Mirages op. 113 (
Ilusiones o
Espejismos) es un ciclo de cuatro canciones para canto y piano compuesto por Gabriel Fauré en 1919, en su etapa de madurez (moriría en 1924). Sus cuatro piezas se titulan
Cygne sur l’eau,
Reflets dans l’eau,
Jardin nocturne y
Danseuse. En conjunto, el ciclo constituye un ejemplo irresistible del Fauré más decadente, más anhelante de un lirismo máximo que comienza a teñirse de melancolía según se va revelando imposible e inalcanzable.
En 2005, el joven compositor francés François Branciard (1979) adaptó los
Mirages para coro, descomponiendo la armonía del acompañamiento y otorgando la melodía a las diferentes cuerdas, ocasionalmente doblada en terceras. El ambiente de extrema intimidad romántica está muy fielmente reproducido. Si bien el cisne de la primera canción expresa la idea central del ciclo de forma más completa (el anhelo irrefrenable de una libertad que, no obstante, quebraría la inocencia del cisne y la candidez de su entorno) el jardín de la tercera canción quizá capte de forma más genuina el lirismo idealizado y decadente del ciclo.
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Nocturne jardin tout rempli de silence,
Voici que la lune ouverte se balance
En des voiles d’or fluides et légers;
Elle semble proche et cependant lointaine...
Son visage rit au coeur de la fontaine
Et l’ombre pâlit sous les noirs orangers.
Nul bruit, si ce n’est le faible bruit de l’onde
Fuyant goutte à goutte au bord des vasques rondes,
Ou le bleu frisson d’une brise d’été,
Furtive parmi des palmes invisibles...
Je sais, ô jardin, vos caresses sensibles
Et votre languide et chaude volupté!
Je sais votre paix délectable et morose,
Vos parfums d’iris, de jasmins et de roses,
Vos charmes troublés de désirs et d’ennui...
Ô jardin muet ! -- L’eau des vasques s’égoutte
Avec un bruit faible et magique... J’écoute
Ce baiser qui chante aux lèvres de la Nuit.
Jardín nocturno, lleno de silencio
aquí donde la luna llena se columpia
en fluidas y ligeras alas de oro;
parece cercana y al mismo tiempo tan lejana...
Su rostro ríe en el corazón de la fuente
y la sombra palidece bajo los oscuros naranjos.
No hay ningún ruido, si no es el débil sonido del agua
huyendo gota a gota del borde de las pilas redondas,
o el azul temblor de una brisa de verano
furtiva entre las palmeras invisibles.
Conozco, oh jardín, tus tiernas caricias
y tu cálido y lánguido placer.
Conozco tu paz deliciosa y sombría,
tus aromas de iris, de jazmín y de rosas,
tus encantos turbados por el deseo y el tedio...
¡Oh mudo jardín! El agua de las pilas gotea
con un rumor débil y mágico...
Yo escucho ese beso que canta en los labios de la noche.