Yo también asistí a la representación del dia2, y concuerdo plenamente con las crónicas vertidas por todos en este hilo.
A pesar de que
Tristan und Isolde es la opera que mas veces he visto en mi vida, nunca he tenido suerte con los
Tristanes. Todos coincidimos en valorar este rol como uno de los mas complicados que requiere una voz muy curtida, con fuste y aguante, un escollo difícil de franquear por muchos tenores que lo han intentado. Heppner desde el primer acto ya denotaba signos de agotamiento en la voz; algo no iba bien en su corta aparición en el primer acto.A pesar de todo lo que voy a expresar, el timbre de Heppner aun suena joven y muy agradable. La linea vocal cuando cruzaba el pasaje sonaba oscilante, una fluctuación en el registro agudo que me hizo augurar que no iba a poder llegar con solidez al dificilismo momento de Tristan, el tercer acto. Pero me equivoque: en el segundo acto, en esa maravillosa y orgiástica pagina que es el larguísimo dúo con Isolda la voz se casco completamente. Nos ofreció toda una colección de gallos de leyenda; hacia lo que podía, permanecer sobre el escenario, pero fue un espectáculo lamentable y muy triste. Por mas que te forzaras en obviar el canto de Heppner, y centrarse únicamente en la legendaria interpretación que Stemme nos estaba regalando, los agudos de Heppner eran un susurro roto y flaco, calantes y opacos que Pappano y Stemme hacían lo posible por tapar empleando fortes condescendientes. Fue una agonía triste que tanto me recordaba a mi trabajo cuando un toro embiste a un caballo y en los estertores de la muerte del equido alguien dice aquello de "¡animalito! darle un tiro de gracia para que no sufra!" y hubiera incluso preferido que se hubiera interrumpido la representación, o bien que la
cuchillá de Melot hubiera sido totalmente real y nos hubiera evitado un espectáculo tan triste.
En el entreacto entre los actos II y III en el Covent Garden todos dábamos por hecho que los gestores del Teatro llamarían al
cover. Pero no fue asi: Heppner apareció en la gran prueba de fuego de todo Tristan, el tercer acto. Curiosamente los agudos, al comienzo, estaban en su sitio, pero cada ascenso al agudo era un autentico suplicio temiendo lo peor. Cumplió con el tercer acto, el repertorio de gallos fue menor, pero hubiera sido mejor anunciar su sustitución.
A pesar de todo, aunque solo han transcurrido cuatro dias y aun los recuerdos de esta función no han
hecho callo en mi memoria, fue una suerte poder contar con Stemme como Isolda, y haber estado allí viviendolo. Stemme es una Isolda poliédrica, de mil caras, gestos y expresiones. Hilvana una mujer soñadora, enamorada, irónica, irascible. Su voz en perfecta para el rol: un centro esmaltado, timbre bello, graves consistentes y agudos firmes, bien proyectados, correctamente emitidos. Tuvo momentos sensacionales en toda la función, pero el momento final, "Mild und leise" no sé si por la tensión soportada por el triste suceso con Heppner, o por que yo tenía la tarde sensible, hacia el final de la escena viví uno de los momentos mas bellos que recuerdo en mi trayectoria operistica como espectador: una autentica levitación que erizo la piel durante un instante infinito y que consiguió que me brotaran lagrimas por la emoción infinita que me estaba suponiendo aquel momento. Creo que guardare este recuerdo imborrable en mis mente, y cuando me aproximé a Stemme en la salida del Teatro, el agradecimiento que le exprese a ella era totalmente sincero y emotivo.
Pappano dirigio con solvencia, con mucha seguridad; yo también eche de menos a Barenboim en algún instante, pero Pappano también puede medirse de igual a igual con Barenboim. La orquesta sonaba perfecta, equilibrada, los
pianisimi eran verdaderos susurros y todo estaba concertado con inteligencia y buen oficio.
Reitero lo dicho por mis colegas en relacion a Tomlinson: no es Marke ni por aproximación. Un timbre que suena gastado, un vibrato molesto, y aunque no imprime la dolencia de Salminen, estuvo sufrido y abatido en sus dos grandes momentos. Koch me impresiono muy favorablemente, y Volle como Kurwenal me gustó bastante, tanto en el primer acto a pesar de su tosquedad como en los siguientes. Se llevo una de las grandes ovaciones de la velada, y creo que muy justificadamente.
Todo un lujo, en resumen.
