DON QUIJOTE. CRISTOBAL HALFFTER
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A modo de nota informativa introductoria iniciaré mi presentación apuntando, para aquellos que desconozcan esta obra, que, como cabría esperarse en un comienzo, esta ópera no es la adaptación del texto cervantino, ni tiene como protagonista principal al “hidalgo caballero”, ni sus andanzas
desfaciendo entuertos son las acciones que en ella encontraremos. Si aparecen, no obstante, los personajes de Don Quijote, Sancho y otros cuantos de la inmortal novela caballeresca pero es Cervantes sobre quien el tandem Halffter-Amorós centra la atención, estando presente en tres de las seis escenas que la componen.
EL COMPOSITOR
Cristóbal Halffter, nacido en 1930, pertenece a una generación de compositores de la posguerra española, la denominada “Generación del 51”, que ha dado nombres ilustres como Bernaola, de Pablo, Guinjoan, entre otros, que renovaron el panorama musical español introduciendo las vanguardias musicales europeas, como el dodecafonismo. Halffter es un músico de una gran capacidad comunicativa, inconformismo con lo establecido, comprometido con su tiempo y una habilidad expresiva marcada por una fuerte personalidad que marca toda su obra. Su prolífica carrera compositiva abarca obras de todos los géneros: música de cámara, concertística, vocal, sinfónica, coral y operística, con dos títulos hasta el momento: Don Quijote (2000) y Lázaro (2008). Aunque el hecho de pertenecer a una saga de músicos (Ernesto y Rodolfo Halffter son tíos suyos) marca en él unas dotes innatas para la música sus influencias abarcan las corrientes musicales de la Europa de posguerra (Schönberg, Bartok, Stravinsky) y el nacionalismo, siendo además un músico muy abierto a toda clase de influencias musicales que su talento creativo convierte en música.
"DON QUIJOTE"
Su primera ópera, Don Quijote, forma parte de un ambicioso y pertinaz deseo personal que anhelaba desde toda su vida. Don Quijote es sobre todo una reflexión personal sobre la necesidad de la utopía en el tiempo que al compositor le ha correspondido vivir, un nuevo siglo en las puertas de un nuevo milenio. El texto, encomendado a Andrés Amorós, se articula en una sucesión de acciones en las que los personajes se ven sometidos a reflexiones, dudas, y locuras, personajes que se adueñan y cantan versos de varios poetas españoles como San Juan de la Cruz, Juan del Enzina, Jorge Manrique, Pedro Salinas o Antonio Machado, un material literario en el que subyace un poso de pesimismo.
Pero Halffter no recurre, a pesar de que el título nos lo pueda sugerir, a narrar la sucesión de escenas inspiradas en las andanzas del “caballero de la triste figura”, salvo tres escenas que recupera y utiliza como son la escena de los molinos, la lucha con el “ejercito” de ovejas o la entrada en la venta. Halffter utiliza el personaje de Don Quijote en su doble vertiente:
el personaje literario en las escenas que he mencionado, y
el mito, en la maravillosa escena de diálogo entre el creador –Cervantes- con el personaje creado –Don Quijote.
Toda la obra está marcada de violencia, entendiéndose ésta como la actitud obstinada contra el natural modo de proceder, violencia que se traduce en una tensión siempre entre dos conceptos que colisionan: represión y libertad, ignorancia y conocimiento, locura y cordura, realismo y fantasía, vida y muerte, vulgaridad y originalidad. Estas ideas se apoyan en la composición orquestal para trazar la tensión, ahondando en la contraposición de momentos de gran algarabía con otros de intensa zozobra interna, y en todos la orquesta profundiza y subraya el texto que cantan los personajes.
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La ópera esta estructurada en un prólogo y seis escenas, sin pausa alguna entre ellas, y como he dicho ya, no es Don Quijote el protagonista, si no que es Cervantes, un ser apesadumbrado por la crisis creativa que padece, al que instan los personajes no creados aún (Aldonza, Dulcinea y el mismo Quijote) a que los invente. En la genial escenografía con la que esta ópera se presentó por primera vez en España, la dirección de escena corrió a cargo de Herbert Wernicke, y la introducción de estos personajes aún no creados fue de lo más original e imaginativo: el personaje de Quijote en un aeroplano y vestido de aviador, a Aldonza y Dulcinea dentro de grandes zapatos rojos reforzando con ello la idea del poder de la imaginación, la fantasía, contrapuesta con la realidad. Toda la escenografía de Wernicke desplegaba una inventiva espectacular que consiguió apoyar la música desde el primer compás hasta el último. En toda la ópera el tratamiento orquestal y coral es fundamental, por lo que la podríamos considerar una ópera sinfónica, rica en contrastes, entre escenas camerísticas y planos sonoros orquestales intensos. En cambio la línea vocal de los intérpretes no tiene el mismo tratamiento ni la profusión que si tiene la orquesta, consiguiéndose así una obra más próxima al oratorio con algunas secuencias de ópera de estilo tradicional.
El momento más álgido de la ópera es el dialogo que se entabla entre Cervantes y el personaje fruto de su imaginación, Don Quijote,creador con personaje creado, en el que éste le increpa a aquel:
Don Quijote escribió:
“Por qué siempre derrotas, por qué nunca triunfos?, ¿Para esto me creaste?”
y es la respuesta del creador, Cervantes, la que encierra la idea de la ópera:
Cervantes escribió:
"Tu no eres un hombre, tus triunfos son tus derrotas y tus fracasos, tu eres un mito y los mitos [] nacen de la fantasía y viven en las mentes de los seres humanos que luchan por desfacer entuertos y traer la justicia a este mundo”
Don Quijote escribió:
“No puedo rebelarme”
Cervantes escribió:
“Morirás al instante si dejamos de soñarte”
Don Quijote escribió:
“Cual es mi destino?¿ A que estoy condenado?
Cervantes escribió:
"A velar que ni molinos ni gigantes, ni corderos ni ovejas ni caudillos nos prohíban leer, pensar, sentir, ser distinto, elegir tu camino, escapar del rebaño…”
Don Quijote escribió:
"Acepto mi destino".
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Herbert Wernicke, 1946-2002</center>
En palabras del director de escena, Wernicke, “Pero la obra de Halffter no se basa tanto en el personaje de Cervantes sino en la necesidad que hay en nuestra sociedad de una utopía, de una cierta ‘locura’ -recalca el término en un perfecto castellano-, y en el conflicto que existe en nuestra sociedad, precisamente, ante esa idea de la utopía y el idealismo. Pero sin la locura, como le digo, no se puede vivir. Una sociedad tan anquilosada como la nuestra, que sólo ve la televisión y ha perdido el placer de la lectura, tiene que recuperar la necesidad de la ilusión, de las ideas, de la utopía, y volver a tener fantasía. La fantasía es muy importante”.
SELECCIÓN DEL MOMENTO COMO OBRA DEL AÑO:<center><embed src="http://www.divshare.com/flash/playlist?myId=8792969-e3a" width="335" height="28" name="divplaylist" type="application/x-shockwave-flash" pluginspage="http://www.macromedia.com/go/getflashplayer"></embed></center>
Cervantes escribió:
¿Quién mejorará mi suerte?
La muerte.
Y el bien de amor, ¿quién lo alcanza?
Mudanza.
Y sus males, ¿quién los cura?
Locura.
De este modo, no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.
…En una noche oscura….
Mi corazón se va de mi,
¡Oh dios! ¿Cuándo volverá?
Enfermo está. ¿Cuándo sanará?
No pueden dormir mis ojos,
no pueden dormir.
No te tardes, que me muero,
carcelero. No te tardes.
¿Quién me causa este dolor?
Amor.
La del alba sería….
Tomado de
“Diferencias sobre el canto llano del caballero”, de Antonio de Cabezón, que hábilmente coloca Halffter para describir el carácter melancólico de un Cervantes desencantado. Cervantes aparece autoanalizándose, sometido por una ausencia de creatividad en la que una duda lo atenaza en sus reflexiones: abandonar o crear, un combate que se libra entre la lógica creadora contra la de la sumisión, la rutina. El coro irrumpe instando a Cervantes a refugiarse en el presente (“
Hoy comamos y bebamos” de Juan del Encina) mientras que Aldonza y Dulcinea lo exhortan a buscar amparo en el futuro y rebelarse contra la abulia imaginativa (“Al alba venid”,”tu que puedes cambiar el mundo”,”vive, actúa, pelea”) perseverando ambas al unísono y consiguiendo arrancar de Cervantes las primeras frases del inmortal “Don Quijote”, “En un lugar de la Mancha…”.
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El libro es el gran símbolo en esta ópera: el libro como ideograma de lo eterno, lo imperecedero, y sobre todo, lo liberador. Y como sabiamente escribe José Antonio Marina en el extraordinario programa que el Teatro Real editó con ocasión del estreno de Don Quijote en el año 2000: “El libro se torna peligroso para los que sienten la querencia del redil, para el bando de los satisfechos que lo censura, lo desacredita, lo quema”. Los libros son los responsables de todas las locuras y en todos los regímenes totalitarios siempre ha existido una lista de autores prohibidos que han terminado en la hoguera, como la fórmula mas idónea de que el pueblo devenga en una masa adocenada y aborregada, que es precisamente lo que pregonan en la ópera los personajes del ama, el licenciado o la sobrina en la escena VI de la opera:
” Sin libros, sin leer, un solo rebaño, un solo poder, un solo caudillo”. 