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Puritanos en La Coruña
Estuve en la representación del día 1. Anoche llegué a Madrid, tarde, y sin remedio escribo con retraso. Al ver lo mucho que ya se ha dicho, pienso que voy a revolver de nuevo todo, pero allá van mis opiniones.
El gran triunfador fue Celso Albelo. Siento disentir de algún forero. Probablemente, es el mejor Arturo de hoy día, y si espacia sus actuaciones en este papel, puede ser el Arturo de referencia durante años. Seguro que le van a pedir de todas partes que vaya a hacer Puritanos, pero debe saber dosificarse. Tiene unas condiciones enormes para este papel. Voz de timbre muy bonito; volumen medio, suficiente para su cualidad de lírico-ligero; agudo sobradísimo, probablemente el más espectacular que circula hoy por los escenarios. Su Fa 4, fue auténtico, no falsete, con una densidad, un timbre y una duración superiores a lo que yo había podido imaginar. Por supuesto que, como se ha dicho, en esta ópera hay otras muchas notas y no sólo ésa. De acuerdo, todas las demás son igualmente buenas en su voz. Lo que ocurre es que ésa precisamente es la que no puede dar casi ningún tenor y es la que va a motivar que quieran oírsela en todas partes. Eso no quiere decir que yo sea partidario de que la dé indiscriminadamente. Le puede proporcionar más perjuicios que beneficios, salvo ahora al principio en que le va a ayudar a darse a conocer. La mayor parte del público no sabe la dificultad que encierra y no la agradece. Muchos, y alguno supuestamente entendido, no sabían cuando había dado el Fa y cuando habían sido los Re. Por lo demás, sus progresos en los seis años que llevo siguiéndolo, son espectaculares. Es un auténtico belcantista, capaz de mantener una línea de canto muy bella, de hacer filados, de hacer reguladores, de decir frases a media voz y todo ello alternando con momentos de fraseo incisivo, temperamental, dando realce al texto. En esto aventaja a otros belcantistas, menos dados a hacer esos contrastes. Su dicción es muy nítida. Y lo más importante de todo: está empezando. Todo puede pasar en lo sucesivo, pero una de las posibilidades es la de que continúe progresando durante otros 8 ó 10 años hasta alcanzar su nivel definitivo, tal como hicieron otros cantantes que ahora pertenecen a la mitología de la ópera, (y alguno de ellos continuó progresando durante toda su vida) y, como ellos, marque su propia época. Ahora ya es un tenor muy considerable, dentro de 8 años ya veremos a dónde ha llegado. Y, para terminar con él, ya tengo constancia de que ha rechazado algún Rigoletto. Creo que sabe lo que quiere y el modo de conseguirlo. De no ser así, podría haber tirado por el camino fácil que le va a ir abriendo su agudo excepcional, pero no son esas sus intenciones. El problema es que un cantante cuando está empezando a veces tiene que hacer cosas que sabe que no son las que más le convienen. Recordarán que Alfredo Kraus, a quien, merecidamente por su parte, se le propone como prototipo del cantante inteligente que siempre supo hacer lo que más convenía a su voz, la primera o segunda ópera que cantó fue ¡Tosca! Por supuesto que no volvió a cantarla, pero en aquella ocasión no tuvo más remedio que hacerlo.
Desirée Rancatore, en mi opinión, fue mejor actriz que cantante, pero hizo una Elvira válida, sin timbre especialmente bello, con volumen reducido y tuvo en el agudo su mejor arma. Para que las cosas quedasen bien claras, también ella, en el final del primer acto, añadió su Fa sobreagudo, pasando sobre las voces del coro. No me produjo especial impresión, pero cumple con solvencia. Me llamó la atención que, con cierta frecuencia, en algún comienzo de frase con las vocales e ó i, mete la voz totalmente en nariz, como si estuviese haciendo un ejercicio de vocalización, para luego dejarla que corra ya libremente, una vez que ha asegurado la colocación del sonido.
Fabio Capitanucci. Pienso que se mantuvo dentro de la corrección general, con el defecto más apreciable de engolar el centro y el grave. Marco Vinco me parece un bajo-barítono, al que echo en falta más contundencia y oscuridad. Al no tenerlas, su voz no contrastó con la de Capitanucci en el célebre dúo, pero en cambio le permitió dar con él un La bemol conjunto en el cierre del mismo. Acaso esa nota, emitida por un bajo, es lo único que me hace comprender que alguien pidiera un bis, que no estaba justificado. Pude ver perfectamente a quien posiblemente fue el único espectador que lo pidió por tres veces. En cuanto a Mª José Trullu para mí solamente tiene un volumen considerable, pero faltan otras cosas. Si no es uno muy exigente, se le puede aceptar en este papel corto, aunque no deje de tener su importancia. En cualquier caso no enturbió el éxito desbordante de una ópera, que se debió por supuesto en primer lugar a la música de Bellini, pero además a la ilusión despertada por Celso Albelo y a los agudos de Desirée Rancatore. Creo que Marcello Panni supo concertar adecuadamente los distintos números en los que tal cosa es fundamental. Sobre la puesta en escena prefiero no hablar, aunque sólo sea para compensar el tiempo que otros dedican a un aspecto que para mí es menos importante. Sólo diré que cada vez que alguno de los intérpretes hablaba de Estuardos, o de Cromwell, o de justas y torneos, o decía “tú, regina” etc.etc. yo buscaba por el escenario a ellos, o al menos a sus contemporáneos, sin conseguir encontrarlos.
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