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Antes que nada, los de los bañadores, si no los quiere nadie, pa mí!
Vds. me perdonarán, pero me lo estoy pasando en grande leyéndoles; está visto ya pueden pasar 300 años, que Verdi vs. Wagner seguirá siendo uno de esos debates apasionadamente irresolubles (o al revés, como quieran) entre los aficionados de ópera, de los que remueven todos los cimientos dialécticos e incluso puede llegar a herir alguna susceptibilidad. Cómo somos las personas...
En fin. Creo que es una evidencia que la progresiva amplitud del repertorio nos hace ganar en calidad artística a todos, y como tal, es un fenómeno que debemos aplaudir hasta con las orejas (por eso le decía yo una vez a Siddharta aquello de mi amigo que no quería vivir en los 50 sino hoy en día pero con los discos de los 50). Y luego cada cual que escuche lo que prefiera, faltaría más.
Una vez, en la cola para sacar entradas de un importante Festival de Música, una señora se nos lamentaba de la desgracia que había sido para ella tener malísima voz: "¿sabéis el dolor que da saberse todas las óperas y no poderlas cantar?". A mí me mató aquello de "todas las óperas". Porque apuesto que no eran más de 40. Sin duda, hoy estamos muy lejos de aquello, y es muy de agradecer.
Pero en mi opinión, el apego irracional (y como tal, muy humano, pero no por ello menos irracional) de las personas hacia nuestros gustos ha hecho que, en esto también, cada uno haya tirado para su casa, haya hecho de menos a otros o se haya sentido hecho de menos por otros. Y yo lo he visto en todas las direcciones. He constatado cómo había gente tratada de friki integral por oír Wagner, Janacek, Britten y Berg (que lo siento, pero se están convirtiendo en los 40 principales de nuestra new age, o sea que de friki les queda poco) pero también he visto gente tratada de estúpida integral (y musicalmente no preparada) por gustarle La donna è mobile cuando la "tiranía" o como lo quieran llamar de la ópera italiana ya "había caído". No se lo creerán, pero una vez dos protowagnerianos me insultaron (y uno me empujó) porque el mismo Festival de música de la señora de todas las óperas programó, en el Centenario de Sorozábal, "La del Manojo de Rosas", a sus ojos verdadera indigencia musical, decisión que sin embargo yo defendía. Una vez más, cómo somos las personas.
Y es que al final, cantantes, compositores, escenógrafos, directores y demás elementos que conforman la ópera son totalmente geniales... hasta que nos convertimos en sus ProtoProfetas. Y ahí, quizá sin darnos cuenta, comenzamos a ofender. Y la liamos.
Cuando nadie tenga que pedir perdón por la ópera que escucha (y sobre todo, por la que no escucha) todos seremos mucho más felices. Y está en nuestra mano.
(Si nadie se ha pedido aún a los de los bañadores, insisto que pa mí)
_________________ Die Wahrheit ist bei mir, Mandryka.
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