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La música de Giacomo Puccini recuerda el juego del legendario Honved de Budapest en la época de Puskas, Budai, Bozsik.... De cegadora brillantez, con una enorme imaginación combinativa, resolutivo frente al portero rival. Pero dejando siempre un poso de melancolía por las grandes hazañas que nunca llegaron a alcanzar juntos.
Naturalmente, Vincenzo Bellini nos sugiere la mejor etapa del Nápoles liderado por el genio Diego Armando Maradona. Un fútbol firmemente anclado en las tradiciones italianas, pero que adquiría una inefable levedad cuando el balón pasaba por las botas del astro argentino.
Benjamin Britten siguió una carrera paralela a la del primer gran Manchester United. La solidez de los inicios de un Peter Grimes, recuerda la fuerza y empuje de Duncan Edwards. En La Vuelta de Tuerca, podemos ver la huella del juego imperial y la capacidad de definición de Bobby Charlton. Mientras que la crepuscular Muerte en Venecia, comparte un lugar en nuestro imaginario con el exquisito fútbol de George Best.
Algunos foreros del sector veterano retendrán imágenes del excelente juego practicado por el Saint Etienne en los años 70. Aquel equipo llegó a disputar una final de Copa de Europa al mejor Bayern de Munich. Tras desplegar un juego pirotécnico y genial, donde hubo momentos en que parecía imposible que Rocheteau, Samarragna o Santini no empujaran el balón dentro de la portería bávara, acabaron perdiendo el partido de su vida por un gol a cero. Por alguna razón, esta historia me recuerda a Jules Massenet.
Mi votación para este grupo:
Puccini - 3
Bellini - 4
Britten - 3
Massenet - 0
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