El libreto firmado por Lachmann sobre la obra homónima de Wilde al que puso música Strauss posee un desarrollo dramático dotado de una intensidad sobrecogedora; siempre se ha afirmado que es uno de los mejores ejemplos en los que el desarrollo temporal de lo que sucede sobre el escenario se corresponde con el tiempo que dura la representación escénica, es decir, los 109 minutos que dura Salomé corresponderían con la acción dramaturgica. Pero a mi esos 109 minutos se me hicieron bastante mas largos aun, y coincido con MarttiT en este aspecto: algo aburrida a causa de la abúlica dirección orquestal a cargo de Michael Boder. La orquesta, sin disponer de todo el apabullante conjunto orquestal que si se requiere para
Elektra es determinante en esta ópera, aunque
Mr. Boder se limitó a que sonara y poco, muy poco, más.
No considero que haya que incluir muchas modificaciones escénicas para tratar de explicar mejor este drama; éste se explica por si mismo mediante la acción, mediante la cuidada y detallada partitura, y la intensidad con la que está escrita la música. Quizás jugar con la atmósfera tan viciada que invade la acción, el enrarecido ambiente que acciona en los protagonistas a una espiral de desenfreno libidinoso impulsados a merced de los mas bajos instintos. El director escénico desubica la acción del tiempo en que está inspirada, consiguiendo así, a mi modo de ver, añadir poco o nada de interés, y, en todo caso, confundir bastante al espectador: ni la ambientación, ni la figuración, ni la iluminación aportan nada interesante; considero incluso guiñolesco y en alguna ocasión casi ridículos determinados aspectos: las apariciones de Jochanaan sobre el escenario, la sustitución de la danza por el audiovisual, en el que yo no logré intuir erotismo ni la provocación lasciva de Salomé, el descender el telón en el impresionante movimiento orquestal que da comienzo a la segunda escena; que además la segunda parte de la acción se desarrolle en un espacio distinto del que se encuentra el aljibe o cisterna en donde se encuentra confinado Jochanaan resta fuerza dramática; en esta escena, aunque las intervenciones de Jochanaan son mínimas, pero las alusiones a él y el destino sobre su vida es el eje inquietante que vertebra la acción, por tanto es un protagonista mudo pero siempre a tener en cuenta; obviarlo me resulta un error y que aparezca el Bautista paseando sobre el comedor que se ha dispuesto para esta escena me parece desconcertante y poco acertado. Tampoco me resulta convincente la escena final en la que Herodes ordena la muerte de la protagonista, aunque a esta altura creo que yo, al menos, ya estaba curado de espanto.
En el apartado vocal no es necesario señalar que el gran atractivo de estas funciones era ver en el Liceu a
Nina Stemme, que cumple sobradamente con la expectación que despierta; en mi caso he de confesar que si me he desplazado 800 kms no es solamente por que llevaba años deseando ver
Salome, si no por escuchar y ver como se desenvolvía
Stemme sobre un escenario. La experiencia vivida suple el esfuerzo de los desplazamientos, a pesar de que en el comienzo la voz no estaba aún afianzada, los graves resultaban flojos y la proyección de la voz no llenaba el teatro, y eso que yo estaba a no demasiados metros de la soprano. A pesar de todo dominó por completo la difícil escena del monólogo, en la que estuvo, a mi modo de ver pletórica, cosechando en Barcelona otro éxito en su fecunda carrera artística.
No desmereció el Herodes de
Brubaker; todo lo contrario; bonito timbre y una adecuación total con el ingrato rol del tetrarca, a pesar del estrafalario atuendo que, quizás sin pretenderlo, exagera la bis cómica del atribulado y libidinoso monarca. Meritoria la intervención de
Henschel como Herodias, y correctos el resto de comprimarios, unos más que otros, aunque uno de los nazarenos se tragaba por completo su voz y el paje no proyectaba mas allá del foso orquestal la suya. Flojo en cambio la actuación de
Delavan como Jochanaan, de timbre apagado, voz poco rotunda y graves mustios.
Y, como no, tal y como sucede siempre, reencontrar a foreros es siempre una grata experiencia; volver a saludar a los conocidos es tan placentero como comunicarse con aquellos a los que no había tenido ocasión de conocer.
