Lo encontré!!!
(Sabía que andaba por algún lado...)
Peter Quint, hace millones de años, respondiendo al mail de un amigo que le hablaba precisamente de ese Otello, escribió:
Jon Vickers, salvando todos sus problemas de emisión, de agudo, de color, etc., es probablemente el último tenor dramático conmovedor. No sólo fue un declamador trágico de primer orden, sino que siempre le importó mucho retratar la sensibilidad de ese hombre atrapado en la tragedia, bien fuese Canio, Don José, Otello o Peter Grimes. Por eso, y porque restauró uno de los personajes eternos del teatro, devolviéndole una estatura mayestática y noble, a la vez que sensible y acariciadora, de una dignidad escalofriante, porque comprendió que Otello era tanto más que un melodrama de celos y calumnias, limpiándolo así de vacuo sensacionalismo, porque afrontó con una gallardía artística visionaria un papel terrorífico para el que no tenía todos los medios y, con todo, lo supo reinventar, por eso, pues, es mi Otello total. Ante su estremecedora exhibición de talento y humanidad, los esculturales Esultates de MDM o las embaucadoras melodías resueltas por Domingo parecen proceder de otro plano, más artificial (...). Cierto que, comparativamente, el instrumento carece de poderío, (discretísimo el Esultate), como lo será mucho más en la versión posterior grabada y después filmada con Karajan (de la manía algo sádica de este hombre de extraer lo más comprometido de sus cantantes y enfrentarles dolorosamente a ello alguna vez habrá que hablar). Pero la concienzuda superación de sus barreras en pos de una musicalidad de ley (Venere splende!), su expresividad "responsable", incluso su leve dificultad con la nitidez del italiano, encarnan absolutamente ante nuestros oídos al hombre valeroso, discriminado, que no se quiso hasta que le quisieron, y que sucumbió al temor de que tal amor no fuese sincero.
A su lado, la aportación dramática de Tito Gobbi (que vocalmente anda apuradísimo y roza el percance en el brindis) queda empequeñecida. Suele decirse del personaje de Jago que es una de las descripciones del mal más inteligentes que se hayan hecho. A mí, sin embargo, nunca me lo pareció del todo, y me aventuro a decir que a Tito Gobbi tampoco. Cierto que el hábil cantante dibuja a un hombre de una sangre fría impactante, hipócrita hasta el extremo, torvo en la mezquindad de su alma y sinuoso en su apariencia conciliadora. Pero el tránsito entre uno y otro plano no es natural, y así, Gobbi suena demasiado a personaje (...): el "Questa è una ragna" guiñolesco, el "Nooooo!!!" final como de villano de película del oeste, la artificiosidad (...) en su "Era la notte", le alejan de la escultural humanidad de Vickers: en esta grabación, Otello es una persona, pero Jago es un papel, aunque sea un papel hecho por Tito Gobbi.
(...) Mi debilidad por Rysanek es mucho más emocional que intelectual; con todo, (aún) soy capaz de verle los problemas. El concepto, aisladamente, no me disgusta: una Desdemona no adolescente, sino mujer, e incluso algo madura, más dramática que lírica, mucho más una dignísima compañera de vida de Otello que su apéndice o su adorno, me parece una concepción interesantísima. Los problemas, notorios, emergen sin embargo de forma muy clara. Uno, la inadecuación vocal. Desdemona basa su impacto teatral en el dúo del acto III y la adecuada plasmación musical de una serie de melodías esenciales, entre ellas la canción del sauce (hay que ser una grandísima cantante para no hacer aburrida una pieza tan delicada) y la melodía que campanea el absolutamente genial concertante del acto III, "E un di, sul mio sorriso". Y ahí las carencias de Rysanek afloran con claridad, con extremos comprometidos y centro poco acogedor. Y el otro: la condición extranjera de Otello se ve algo perjudicada porque al final, una Desdemona tan extraterrestre acaba pareciendo aún más mora que el propio Otello, más ajena que él al mundo cultural en que transcurre el drama, cuando debería ser su conexión casi "umbilical" a Occidente, al cristianismo y a Venecia.
Más discreto Serafin de lo que me gustaría reconocer y casi vulgar el coro, aunque eficaz. Con una batuta más apremiante, de mayor brío, y una Desdémona más natural, habría sido el Otello definitivo. Sólo por Vickers ya es histórico.
(Ni una letra está adulterada; los paréntesis sólo resguardan referencias personales y excesos de locuacidad impropios para un foro)