kraustex escribió:
o Guarany está claro, pero la canción que he puesto primera...
Copio tal cuál un artículo interesante sobre este compositor:
"Música, cine y letras"
www.cineyletras.es
Parecería casi obligado que el compositor brasileño de formación y de carrera preferentemente italianas, Carlos Gomes, se ocupara de una figura tan carismática como la de Colón para hacerle sujeto y objeto de una partitura. Así ocurrió en 1892 cuando, en el cuarto centenario del encuentro entre dos mundos (antes: descubrimiento de América) escribió una cantata que en mayo de 2006 recordó el Teatro Bellini de Catania en una lectura recogida oportunamente, no podría ser otro, por Bongiovanni.
Hay que añadir aquí que previamente había sentido la misma feliz tentación el Teatro Municipal de São Paulo en 1964, fruto de cuya ejecución fue un equivalente registro discográfico.
En 2004 volvió a cantarse (y representarse, incluso) en esta ciudad brasileña. 1892 fue especialmente prolífico para la figura de Colón: el barón Alberto Franchetti estrenó en Génova su propia versión de la aventura americana del descubridor. Volvamos al Colombo brasileño, un “poema coral sinfónico” tal como lo definió el autor de Il Guarany, que puede considerarse una pequeña ópera o un oratorio profano, por el que circulan, además del protagonista titular (barítono), personajes tan emblemáticos como los Reyes Católicos (ella soprano; él, tenor), a los que se suman con voz de bajo un inevitable Frate (un monje, estamos en España) y tres acompañantes regios: Donna Mercedes, Don Ramiro y Don Diego, con una Voz, masculina desde luego, que en su momento da el grito de ¡Tierra!, señal de que el descubridor logró su soñado objetivo. La cantata se desarrolla en varios escenarios: La Rábida, el palacio de la corte castellana, el barco de Colón y una rada de Barcelona al regreso del navegante triunfador. Motivos suficientes para que Gomes de rienda suelta a su rica inspiración y experiencia, ya que el maduro compositor, por entonces de retorno en Brasil, había completado su catálogo, desde Noite do castello a Condor, treinta años de bien aprovechada actividad.
De nuevo, Gomes demuestra que es el mejor lazo de unión, junto con Ponchielli, entre Verdi y la joven escuela italiana, los inventores de esa fugaz estética que se llamó verismo. Coros de diferente significado dramático y arias de encendido lirismo, en una escritura formal muy libre y con dominio de las posibilidades vocales de los intérpretes, orquestación suficiente aunque de variado colorido (la parte cuarta se inicia con una especie de extenso intermedio o introducción muy expresiva), todo sostenido por un substrato de indudable contenido teatral, a la italiana por supuesto, se dan cita en este Colombo.
Por ejemplo, en la escena de La Rábida, el titular de la obra se exalta en una magnífica aria cuando describe lo que sintió al comprender su destino. Pues bien, inmediatamente después, en compañía del Fraile y con el añadido final del coro, Colombo da cuenta de una ¡cabaletta! perfectamente camuflada y muy oportuna en el desarrollo, como había aprendido muy bien de su modelo verdiano.
Un buen plantel de cantantes necesita la obra para ser disfrutada en su plenitud. Así, un barítono con brillo como Alexandru Agache está en condiciones de sacar el partido necesario a Colombo. Lo mismo que el lírico tenor cordobés (de Argentina) Gustavo Porta, capaz de cantar con la suficiente morbidez y con momentos de suprema elegancia, para dar contenido al rey Fernando de Aragón. La reina Isabel de Castilla es Rossana Potenza, cuya experiencia como intérprete de alguna que otra heroína verdiana (no muy concurrida pero sí intensa) le ponen en bandeja un personaje que debe bastante a alguna de aquéllas. Isabel -o Isabella- tiene al final un bonito y entusiasta cantable (Dei miseri scettri) que la soprano resuelve muy bien por posibilidades e intenciones. La obra finaliza perfectamente con un apoteósico himno, tan operístico otra vez, al Nuevo Mundo. Curiosa y disfrutable partitura.
(Copyright © Fernando Fraga. Publicado por cortesía de
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