|
Comienzo este mensaje expresando mi profunda admiración por Beverly Sills. Creo que tengo tanta debilidad por ella que hasta las grabaciones y videos tardíos que algunos encuentran insoportables, tienen para mí momentos de gran interés.
Mi padre tenía los LP originales de sus recitales de ópera francesa y belcanto grabados en el ápice de su carrera y escuchándolos siendo un niño me enamoré de esa voz que era como una especie de hilo de plata (ya sé, la cosa salió medio cursi, pero qué se puede hacer).
Dicho esto, creo que el problema del ocaso de Sills es complejo. Para empezar, cuando Sills salta a la fama a finales de los 60s, no era una recién llegada. Todo lo contrario: había empezado en los años 50s, cantando en la NYCO (hasta una Aída circula por allí, imagínense ustedes), pero no había alcanzado el estrellato, posiblemente porque en esa época no estaba haciendo el repertorio que le convenía, que era el belcanto (es realmente sorprendente que con una voz de sus características no cantara su primera Lucia sino a finales de los 60s). Además, problemas personales la alejaron de su carrera por un tiempo, porque los dos hijos de Sills nacieron con problemas congénitos. Cuando Julius Rudel le pide que regrese, ella le dice que sí, pero que si esta vez no tiene un éxito verdaderamente grande, iba a colgar los guantes. Y entonces viene el Giulio Cesare y el resto de la historia es conocida.
A partir de esa etapa Sills manejó el repertorio que le convenía, con las excepciones de Bolena y, sobretodo, Norma y Roberto Devereaux, siendo última, paradójicamente, una de sus grandes creaciones (su Norma es menos exitosa, aunque debo decir que la Casta Diva de una función en Boston, cantada en la tonalidad original, es de una belleza tremenda).
La Elisabetta de Roberto Devereaux pudo haber hecho mella en la voz de Sills, pero creo que el declive se debió fundamentalmente a un cáncer contra el cual estuvo luchando durante la década de los 70s. Además ya no era una niña, tenía más de 20 años de carrera encima, de modo que lo que podemos decir es que el problema es que Sills descubrió muy tarde el repertorio que le era afín y encontró el éxito ya cuando algunos van de salida.
En eso Sills se me parece un poco a Flagstad, aunque obviamente las historias son muy distintas. La semejanza viene porque si uno saca la cuenta de los años en que Flagstad estuvo en el pináculo, y descuento el período de la guerra, el resultado es pequeño en número (pero, ¡vaya que enorme en resultados!).
|