Raúl escribió:
Me vais a perdonar, pero yo que soy un advenedizo en esto, que mi primera función de ópera la presencié rozando la teintena de años y que en mi entorno no ha existido nadie que siquiera supiera lo que significa la palabra libreto hasta hace pocos años os tengo que poner en vuestro sitio:
Raúl, cada caso es distinto. Usted empezó a los 30, yo comencé a los 4. Y a lo largo de estos 27 años de mi relación con la ópera lo he pasado de maravilla y he tenido la oportunidad de ver cosas que me habría perdido si no hubiese empezado tan temprano.
Raúl escribió:
Llevar a un niño de 4, 5 ó 6 años a una función de ópera me parece una tremenda equivocación (por decirlo de un modo suave) y una putada para el que se siente al lado del infante (además de un acto de esnobismo y de cultureta que va de educador guay).
Yo creo que usted hace generalizaciones que no se aplican a todos los casos. Fíjese que en mi caso no fue una equivocación, ni en el de Jalu, ni en el de mi abuela, ni en el de mi padre, ni en el de mis tíos. Eso depende de si el niño muestra disposición hacia la música y si uno sabe que se puede comportar (vamos: los padres conocemos a nuestros hijos y sabemos si a los 4 años se va a quedar quieto o no en un teatro; los que llevan a un niño sin más o menos entender cómo puede reaccionar están locos). Ni mi abuela, ni mis padres, ni mis bisabuelos, eran esnobs o culturetas, ni mucho menos educadores guay. Simplemente eran personas que amaban la ópera, que fueron llevados desde pequeños al teatro y que continuaron la tradición con sus descendientes. Como algo normal, corriente y habitual, no en el plan: voy a hacer que mi hijo oiga Mozart para que sea más inteligente.
Reconozco que es un tema complejo, porque no todos los niños aguantan una ópera, pero hay casos de casos, que no obedecen a otra cosa que a que cada persona es distinta, y es por eso que a algunos les gusta el fútbol y a otros no.