Asistí a la representación del día 25, que comenzó de manera excelente conociendo en la tienda a varios foreros: Le Gouverneur, Jlizarrabengoa y Yago (Iro no coincidió mientras estábamos allí, y luego tampoco nos encontramos en los descansos, anduvimos todos como el ratón y el gato, una pena, una pena

). Creo que poco puede decirse ya de este
Tannhäuser, pero ahí va lo mío.
Seiffert y señora, inagotables e inmensos en sus papeles. Me parece difícil encontrar mayor entrega en escena, ni tal riqueza de recursos, tan poco común en el panorama lírico actual. Indescriptible, por maravillosa, la encarnación que Christian Gerhaher hizo del papel de Wolfram: fue la asombrosa combinación del gran volumen requerido con los
pianissimi más delicados, pero proyectados a cualquier rincón de la sala. La emoción contenida que fue capaz de verter Gerhaher en el archiconocido canto a la estrella –que puede pecar de enfático, dependiendo del intérprete– reveló la maestría, el gusto y el buen decir de un liederista consumado. Fantástico Günther Groissböck como el Landgrave, por vocalidad y presencia escénica. Y sus caballeros cantamañanas formaron un conjunto equilibrado, empastado y coherente (Felipe Bou va camino de ser el Biterolf oficial, ya se le había escuchado este papel en Oviedo hace unas temporadas). Siento decir que Lioba Braun no es la más adecuada vocalmente para Venus: en ocasiones su voz era incapaz de traspasar el foso, aunque su visión escénica del personaje me pareció acertada. Pero no se puede tener todo, y le falló lo principal.
El coro tuvo altibajos, pero también hubo momentos de gran altura, como el canto de las sirenas al principio. Y la orquesta sonó muy bien, aunque hubiese sido deseable mayor intensidad expresiva en momentos clave.
¿La bacanal? No entiendo la trascendencia que tuvo en los medios, ni por qué motivo escandalizó tanto una orgía que apenas lo parecía. No había mucho entusiasmo en escena, y se echaba de menos un mayor desenfreno. Una orgía demasiado contenida, la verdad.
En el aspecto musical, una noche fantástica. Y en el escénico… se creó una absurda expectación que lleva a considerar una vez más qué es lo que parte del público (la parte bienpensante) juzga tolerable ó no en un teatro de ópera.