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Pues la ducha y la cena no fueron lo suficientemente reparadaroras y al final me fui a la cama muerto de cansancio. Pero ya estamos a hoy y la cosa pinta de otra forma porque el descanso sí ha surtido efecto.
Para empezar por el periplo de Verona, y viendo que hay mucha "ansiedad" por el tema Cura os lo explicaré a modo inverso de cómo se desarrolló cronológicamente ,por lo que empezaremos por la AIDA del domingo.
AIDA, a modo de curiosidad, es la ópera más representada en l'Arena(creo que con las de este año se aproximarán a 450 las representaciones de esta ópera en el recinto). Para mí era la ópera menos interesante porque era la misma, y por cierto espléndida, producción de Zeffirelli que ya había tenido ocasión de ver el año pasado , pero, aprovechando que estaba allí y con el gancho de ver y escuchar a un Cura que nunca deja indiferente.....
Tengo que empezar por decir que l'Arena estaba a reventar (se podían contar las butacas vacías de las zonas numeradas de las pocas que quedaban). Por supuesto, en el gallinero, parecíamos sardinas metidas en la correspondiente lata. Como curiosidad, y por si alguien va por Verona y compra localidades para humildes, o sea gallinero, le aconsejo que las compre siempre de la zona alejada de la Plaza Bra: en primer lugar porque se llenan más tarde, conlo que no hay prisa por entrar en el recinto y,en segundo lugar, "no disfrutas" de las posibles actividades complementarias que se celebran en la plaza mientras estás escuchando la ópera.
Pues bien, retomando el hilo de la Aida decir que si bien escénicamente es impresionante, en el aspecto musical me desilusionó completamente y ni la espectacularidad de los coros (mención para Marco Faelli a quien el año pasado le pude ver al frente de la rqueta de la Fundación Toscanini),de la marcha triunfal la salvaron. Nosotros definimos aquella sesión como una sesión estricamente para "guiris" porque estaban repletas las gradas de un público no operístico (el tema del público en la ópera y en Italia creo que merecen debate aparte), que cortaba con aplausos más a menudo de lo deseado, que disparaba la digital, con sus flashes, a diestro y siniestro cuando la espectacularidad de la escena "lo requerían". Pero bueno,aquello es Verona, otro concepto de ópera y esto forma parte del peaje que hay que pagar para mantener, y que sea por muchos años, este monumento a las temporadas estivales.
Daniel Oren, a quien el año pasado había braveado y de quien dije que habían conseguido una Aida perfecta, o casi, este año o tuvo unmal día o ha intentado hacer otra lectura potenciando más los metales (y ésos se fueron por los cerros de Ubeda casi siempre) y me decepcionó. Sobre el cast decir que lo mejor fue la Amneris de Tichina Vaughn, lo que tampoco es decir mucho , Mastromarino no es un mal barítono pero comparar su Amonasro con el de Maestri el año pasado sería poco delicado por mi parte por cuanto no hay comparación posible ( Maestri daba miedo, era un auténtico Re guerrier).
Para el final dejamos a la parejita de enamorados: sobre la Aida de Carosi no puedo por menos que acordarme de los apuntes que en su día hizo alguien que no está entre nosotros pero de quien no puedo dejar de acordarme en múltiples ocasiones, ora por lo que dijo, ora por curiosidad en saber lo que diría. Sí, me refiero al Gran Inquisidor quien dijo que Carosi era una Aida que ni fu ni fa, pues eso, ni fu ni fa. El año pasado dije que Licitra , Radamés entonces, era una bellísima voz pero que parecía tener prisa por terminar la función, que parecía cantar con desdén pero que al final nos regaló un excelente cuarto acto. Pues bien, el domingo pasado eché de menos, y mucho, a Licitra. Esto es lo más suave que puedo decir de Cura porque su fraseo fue de cero patatero, su musicalidad, otro tanto, además su voz corría mucho menos que hace dos años cuando le escuché de Calaf en el mismo escenario (no valdría la comparación en otro escenario por las características acústicas de l'Arena) y en definitiva, salvo cuando estaba en forte y cantaba solo ...nada de nada. Pero claro, aquello era un festival ópero-turístico y mientras hubiera lucecitas de colores y espectacularidad sobre el escenario la cuestión era aplaudir con ganas pero la actuación de Cura fue de abucheo. Entre que no era el ambiente adecuado y cierta parte de mi cuerpo me pedía levantarme con premura me quedé con las ganas de abuchearle (y juro que asisití con ganas de aplaudirle). Escuchándole el otro día ya sé que clase de Otello nos epera en Barcelona: mucho rabia, mucho aspaviento escénico y vocal y......poco Verdi. Nada me gustaría más que equivocarme pero a mí me parece que las cualidades canoras de Cura están en franca regresión (¿momentánea?).
PD: Antes de que se me olvide: si Vd., caballero, tiene problemas de próstata y su médico por ello le ha prohibido montar en bicicleta le sugiero que antes de ir a l'Arena (zona humilde) consulte a su médico sobre la conveniencia o no de hacerlo.
Saludos y después os cuento Gioconda y Nabucco, que por suerte, fueron harina de otro costal.
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