Acabo de descubrir por Radio Clásica esta zarzuela de Antonio Rodríquez de Hita, que ha captado toda mi atención mientras cortaba troncos

cosa peligrosa.
¿La habeis escuchado?¿La conociais?¿Qué versión teneis?¿Os gusta el género?
También he dado con un artículo muy interesante relacionando el camio a este tipo de zarzuelas.
http://www.regmurcia.com/docs/murgetana ... 12_003.pdf
Don Antonio Rodríguez de Hita (1725-1787) era sacerdote. Desempeñó
el cargo de maestro de capilla en la Catedral de Palencia, y luego en
el convento de la Encarnación, de Madrid. Su vocación pedagógico-musical
fué profunda. En 1751, compuso una obra para los ministriles de la
catedral palentina (2) y en 1757 un tratado de composición con el título
de Diapasón instructiv, que provocó enorme revuelo por la audacia de
sus teorías (3).
A Rodríguez de Hita le cabe el honor de haber puesto música, entre
otras, a La Briseida y Las segadoras de Vallecas, las dos zarzuelas más
significativas de su siglo, y que señalan, como acabamos de indicar, la renovación
del género, la primera, y la derivación hacia lo costumbrista, la
segunda. Las labradoras de Murcia, también de Rodríguez de Hita y
don Ramón de la Cruz sirvió para consolidar el éxito de esta revolución
musical. Los temas populares —regionales en este caso— quedaban in
corporados definitivamente a la música escénica española.
Libreto:
Las labradoras de Murcia, zarzuela burlesca en dos actos, se estrenó
en septiembre de 1769, en el coliseo del Príncipe, de Madrid, concluyendo
con sus representaciones la temporada teatral de verano. En este mismo
año aparece impreso el libreto de la obra, en la tipografía de Muñoz
del Valle (4). Es una edición en 8.°, de 132 páginas, encuadernada en rústica,
que debió salir a la luz antes del estreno (5).
Se desarrolla la zarzuela en la huerta murciana, en la estación de la
cosecha de la seda, e intervienen en ella los personajes siguientes: Don
Vicente, caballero valenciano, disfrazado de labrador; su hija Teresa;
Narciso, novio de Teresa, también valenciano; doña Nicolasa, rica viuda
y dueña de la hacienda; su hijo Leandro, «estudiante atolondrado», y
varios labradores y labradoras.
Comienza la acción en un plantel de moreras, propiedad de la viuda,
«con vistas de la ciudad de Murcia a lo lejos». I^as labradoras Olaya y
Florentina coquetean con Pencho v Antolín, también labradores, mientras
quitan la hoja a los árboles. Con ellos está Teresa, hija del valenciano
don Vicente, que trabaja igualmente para la viuda, aunque es caballero.
Después, aparece un forastero, el joven Narciso, que es portador de
una misteriosa carta v manifiesta deseos de hablar a solas con Teresa.
El cuadro sieuiente transcurre en un huerto de limoneros y naranjos.
T>eandro. el hiio de la viuda, trata de enamorar a Teresa, sin conseguirlo:
a continuación intenta que Vicente le proporcione algún dinero, ven
diendo parte de la cosecha a espaldas de su madre. Vicente se opone rotundamente, y comentando con su hija la maldad del estudiante nos enteramos de que Teresa está enamorada de un joven hacendado de Valencia, que había matado a un primo suyo, por celos, envolviendo en la
tragedia el huen nombre de Vicente y motivando su huida y disfraz
campesino.
Aparece más tarde la viuda doña Nicolasa, que no pierde tiempo en
sugerirle a Vicente un segundo matrimonio. Llega en seguida Narciso,
pidiéndole albergue, y la viuda —que está loca por dejar de serlo— lo recibe en sus posesiones muy a gusto, en espera de poder conquistarlo, si
Vicente no se decide a las segundas nupcias. Narciso, naturalmente, es el
joven de Valencia a quien Teresa ama ardientemente.
El tercer cuadro tiene como marco la pieza donde están los gusanos.
Leandro sigue cortejando en vano a Teresa. Estalla una tormenta, y los
mozos y mozas cantan y tocan instrumentos, para que los gusanos no se
atemoricen y salvar así la cosecha. Esta es la escena de más interés costumbrista y la mejor «movida» de toda la obra.
El acto segundo se inicia en el patio o huerto de naranjos. Pencho,
que está enamorado de Teresa, no quiere prestar su ayuda a Leandro
para que éste hable con ella. Doña Nicolasa sermonea al estudiante por
su holgazanería y le comunica que piensa casarse de nuevo, a fin de que
la hacienda esté bien regida. En esto llega Vicente que le anuncia su decisión
de marcharse, puesto que Leandro no cesa de cortejar a su hija.
La viuda lo convence para que se quede, y le encarga sin recato que le
ayude a conquistar a Narciso, empleándolo primero como labrador y encomiándole
después el dinero y las buenas prendas que la adornan. Pero,
a renglón seguido, una torpeza de Pencho, al dar un recado de Narciso
para Teresa en presencia de su padre, decide a Vicente definitivamente
a marcharse.
Al fin, Narciso y Teresa se encuentran y hablan más reposadamente.
El asunto del homicidio se ha arreglado, según demuestra la carta que
trae, y ya pueden ser felices, si alguien intercede para que Vicente lo perdone.
Aparece la viuda y le cuentan la verdad. Doña Nicolasa sufre una
decepción, porque quería a Narciso para ella, pero el joven la desengaña
totalmente, haciéndole ver lo inadecuado de esa unión por la diferencia
de edad y costumbres.
El último cuadro de la obra representa el desembojo. Vicente se entera
de que su honor está a salvo y, tras una breve lucha interior, accede
al matrimonio de Teresa y Narciso, preparándose los tres para regresar
a Valencia. Y con cantos y bailes celebran todos el feliz término del
suceso.
Literariamente, la obra no es nada importante, ni añade lauro alguno
a don Ramón de la Cruz, en cuyo haber existen comedias mucho más
valiosas. Sin embargo, es ima obra significativa, porque
supuso en su momento la consagración de la zarzuela de costumbres. No bastaba el esporádico ensayo de Las segadoras de Vallecas, pese a su éxito, para lanzar las campanas al vuelo, proclamando que la zarzuela entraba en vías de renovación. Era preciso que el público siguiera aceptando con el mismo agrado otras obras, fieles a la nueva tendencia. Las labradoras de Murcia, estrenada muy pocos m.eses más tarde y recibida en la Corte con general complacencia, garantizaba la continuidad del remozado género.
Las labradoras...
La partitura del maestro Rodríguez de Hita —dejando para los entendidos
su examen crítico—
sorprende por su amplitud y variedad
Buen finde!