Creo que en Madrid nos lo vamos a perder
¿Ha habido alguna confirmación sobre si finalmente Nucci estará en el Rigoletto del Real?
Nucci triunfa en un 'Rigoletto' que extraña a Netrebko
Dejó un sabor delicioso en Covent Garden la versión de McVicar
Lo que no quiere decir que apagara los ecos del montaje de 2005.
Eduardo Suárez (Corresponsal) | LondresActualizado miércoles 11/02/2009 17:10 horas
Dejó anoche un sabor delicioso en Covent Garden la reedición del 'Rigoletto' de David McVicar. Lo que no quiere decir que la representación apagara los ecos del memorable montaje de 2005, en el que brilló sobremanera la soprano rusa Anna Netrebko, que exprimió las honduras vocales y psicológicas del personaje de Gilda hasta un extremo al que Ekaterina Siurina —dulce y sugerente anoche pero no brillante— no supo o no pudo llegar.
Lo primero que cabe decir del 'Rigoletto' de McVicar es que es aún un artefacto dramático formidable por su simplicidad y por su eficacia. Los personajes despliegan sus pasiones en un escenario rotatorio dominado por un plano inclinado. El de una fachada desconchada y decadente que es la metáfora de la moralidad dominante en la ciudad de Mantua, gobernada por el duque libertino que desencadena los mecanismos de la tragedia.
Una metáfora que McVicar redondea al ubicar la humilde morada de Rigoletto —su bufón— precisamente en el envés del palacio del duque, potenciando la tensión dramática que anima la obra.
Foto: Clive Barda
'Rigoletto' es una especie de 'Don Giovanni' despojado de la grandilocuencia musical y moral de la partitura de Mozart. La ópera de la que Giuseppe Verdi se sentía más orgulloso. Una historia basada en una obra de Víctor Hugo donde se entrelazan sexo y poder y donde el poderoso termina saliéndose con la suya.
Anoche se interpretó en una función muy celebrada, aunque lastrada por un inicio titubeante. Hablamos, por supuesto, de la orgía inicial errónea no por explícita sino por irreal. Lo que chirría no son las prostitutas con los pechos al aire y la simulación de actos homosexuales y heterosexuales sino la sensación apelmazada que transmite la escena, de todo punto innatural y coreografiada.
Superado el bache inicial, la función germina y crece alcanzando el cenit quizá en el intimismo del segundo acto. Parte del mérito cabe atribuirlo al veterano barítono Leo Nucci, que despoja a su Rigoletto de cualquier rasgo caricaturesco y lo dota de una humanidad favorecedora.
Vocalmente Nucci es lo mejor de la obra, lastrada en ocasiones quienes interpretan los papeles menores y por las comparaciones odiosas entre Ekaterina Siurina y su paisana Netrebko. Un factor este último que conviene matizar: Siurina no es Netrebko pero incorpora a su Gilda dulzura y compenetración. No destaca pero enriquece el engranaje dramático de la obra.
El tenor italiano Francesco Meli interpreta con desparpajo y potencia vocal al duque de Mantua y el bajo austriaco Kurt Rydl resuelve con oficio el breve pero difícil papel de Sparafucile. 'Rigoletto' estará en cartel hasta el próximo 1 de marzo. Aún se pueden adquirir entradas en la web de la Royal Opera House.