La Duda.
Esto es lo que escribí sobre ella:
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Si no fuera porque ha sido dirigida por el propio autor de la obra de teatro original, John Patrick Shanley, diría que la versión cinematográfica de La Duda (Doubt) es una adaptación casi fallida. En realidad esto sería exagerar mucho: está bien dirigida, los actores son excelentes y el texto es prácticamente el mismo. Lo que ocurre es que, habiendo visto la versión teatral hace algo menos de un año (La Sospecha, con una extraordinaria Pilar Bardem en el papel protagonista), tengo relativamente fresca en mi memoria la fuerza con que la pieza te llevaba a su terreno, al terreno pantanoso de la incertidumbre irrevocable, de la incomodidad que nos provoca la falta de respuestas. La película inclina un poco más la balanza, conduce ligeramente al espectador hacia uno de los dos bandos, hacia una de las respuestas posibles, en lugar de dejarlo desamparado. Seguramente (y espero, si vais a verla, conocer vuestro punto de vista), esto sea una cuestión estrictamente personal, y cada espectador lo vea de manera diferente. Pero en mi caso, ya sea por los actores o por la manera en que está realizada la película, el Padre Flynn inspira más compasión que sospecha, y se acerca más a su faceta de cura enrollado que a la de oscuro personaje.
De hecho, en contra de lo que el físico de Philip Seymour Hoffman pudiera predisponer a pensar, la película, o tal vez la interpretación de este soberbio actor neoyorquino (por cierto, bonita e impactante voz la suya), deja al Padre Flynn en mejor lugar de lo que quedaba en el teatro. En cambio la Hermana Aloysius, a la que da vida la ínclita Meryl Streep, tiende mucho más a neurótica y autoritaria fanática que la simpática y honesta cascarrabias recreada por la Bardem. Apenas queda rastro de los rasgos humorísticos del personaje (que alguno tiene, y la madrileña supo ver con muy buen tino), que Streep convierte en una sota atormentada y algo histérica haciendo gala, por descontado, de sus indudables dotes interpretativas. Porque, eso sí, no os quepa duda de que se libra un auténtico duelo de titanes actoral entre la pareja protagonista. Y esto, queridos míos, es un plato de lujo que ningún cinéfilo en sus cabales rechazaría.
Junto a estos dos monstruos del celuloide, la dulce Amy Adams es la tercera en discordia, y ha sido muy justamente propuesta para ganar el Oscar a la mejor actriz de reparto (compitiendo, qué cosas, con nuestra estrella Penélope). Su trabajo es excelente, y supera, esta vez sí, con creces, la interpretación que Diana Palazón hizo en el teatro. Completa el elenco la también candidata al premio (los cuatro lo son, en sus respectivas categorías) Viola Davis, que interpreta a la Sra. Miller, madre del niño de la discordia.
Una película de actores con protagonistas extraordinarios -especialmente Seymour Hoffman- que no conviene dejar de ver, pero que pierde mucha de la fuerza de la pieza teatral al sustraernos lo que debía sembrar sin piedad: la duda.