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Estoy bastante de acuerdo con la mayor parte de las cosas que se han dicho. El mito Solti está pelín inflado, y efectivamente, era un hombre que tendía a usar expansivamente el metal. Siendo (como era) un músico espléndido, no puede negarse que tuvo para sí algunas de las mayores oportunidades de la historia de la fonografía, como el priemr registro integral del Anillo, y muchas de las mejores orquestas, coros y solistas del mundo a su disposición. Pero creo que tiene dos elementos a su favor que no se han señalado:
-La "evolución" lírica: Todas las óperas que Solti regrabó (Ballo, Falstaff, Maestros, Cosí, Otello, Don Giovanni, Flauta -creo que no me dejo ninguna-) apuestan por una mesura mucho mayor en las sonoridades y un mayor desenvolvimiento lírico. Los segundos Mozarts, en general, fueron fracasos; los Verdis, grandes aciertos. El caso paradigmático me parece "Un ballo in maschera", donde el contraste entre la primera dirección "nilssonista" y la segunda "margaretpriceísta" es más evidente. Cómo lamento (y lo digo completamente en serio) la carencia de un segundo Requiem de Verdi en estudio, y sobre todo, de un segundo Tristán (con Ben Heppner en sus años mozos; hubiera sido impresionante...)
-La teatralidad: Solti fue uno de los directores de su tiempo más conscientes de la función esencialmente teatral de la ópera, espectáculo que debe interesar, emocionar y divertir desde el primer minuto y hasta el último. Es cierto que eso a veces no se tradujo en unos cast excesivamente expresivos, e incluso, en algunos errores muy discutibles (en sus grabaciones clásicas, Geraint Evans, Fritz Uhl, Norman Bailey -supongo que no hace falta decir dónde-, en las más modernas, unos cuantos más). Es cierto que fue genial en contadas ocasiones (se ha citado Elektra, Tannhäuser, yo añadiría Ballo II, Arabella, Aida) pero aburrido, lo que se dice aburrido, lo fue muchas menos veces aún.
_________________ Die Wahrheit ist bei mir, Mandryka.
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