comentarios como el siguiente, dan bastante luz acerca de las voces verdianas
" La galería de personajes que pueblan la obra verdiana es extraordinaria. Y Verdi cada psicología la define a través de la voz, en color, densidad y extensión. Así para un personaje, sin ser claramente negativo pero sí extravagante incluso por el color de su piel, Ulrica de Un ballo in maschera, Verdi la incluyó dentro de una tesitura de mezzo con un registro bajo de contralto, la voz más grave de todas las femeninas. Al contrario, para pintar la juvenil pureza de Gilda, características esenciales del personaje para el desarrollo de Rigoletto, fue configurada dentro de los márgenes de una soprano aguda y ligera. Con un matiz inteligentísimo: tras ser violada por el Duque de Mantua en el acto II, su personalidad cambia, madura a pesar suyo, y en el III Gilda es ahora una soprano lírica con tintes dramáticos. Así lo entendió el gran Toscanini que de Verdi sabía lo suyo (además habían nacido en la misma región y se llegaron a conocer personalmente), eligiendo para dicho acto de Rigoletto a una spinto por antonomasia de la categoría de
Zinka Milanov, posiblemente la
última voz auténticamente verdiana que haya existido.
Por parte masculina ocurre lo mismo. Si para Verdi una voz grave, la del bajo, es sinónimo de madurez y de autoridad, la contraria o aguda representa la juventud con todas sus ilusiones, impulsos y anhelos, la del tenor. Una de las tesituras escrita por Verdi para un bajo, aparte de la de Zaccaria de Nabucco, en la que ha de descender a las notas inferiores más extremas de la partitura, es la detentada por el Gran Inquisidor en Don Carlo. Porque así añade a su intrínseca autoridad sagrada un sombrío elemento negativo de caracterización. Verdi, como se sabe, era poco dado a simpatías religiosas y menos a las autoritarias y fanáticas.
Verdi, se repite, llevó a
las sopranos a sus máximas posibilidades y ahí están los ejemplos de Abigaille en Nabucco, Odabella en Attila o la pérfida Lady Macbeth,
personajes vocalmente hablando de casi imposible satisfacción. Sin olvidar a Violetta Valéry, uno de los papeles de soprano más codiciados por quienes detentan esta categoría vocal, auténtica reválida para demostrar posibilidades y valías. Por el otro lado, concibió una retahíla de tenores de descomunal beneficio para la más aguda cuerda masculina, con extremos irreconciliables: el tan rossiniano Edoardo de Un giorno di regno o su álter ego Fenton de Falstaff por un lado, a Otello por el otro; en medio, el Duque de Mantua, Riccardo, Manrico, Ernani, Stiffelio o Radamès, claros objetos de deseos tenoriles. En territorio mezzosopranil qué más opuesto a la desvergonzada y sensual Preziosilla de La forza del destino que la tenebrosa Azucena de Il trovatore o la apasionada y apasionante Éboli de Don Carlo.
Pero donde el genio verdiano dio muestras de su mayor fantasía fue con la cuerda de barítono. A través de ella construyó una serie de figuras paternales -las maternales no existen: Amelia es madre de soslayo y Azucena no es en realidad la madre de Manrico- de incalculable perfil humano: Rigoletto, Boccanegra, Giorgio Germont, Miller, Amonasro, Monforte, el Dux Foscari. Nunca hasta Verdi una voz de barítono pudo expresar tanto potencial instrumental y expresivo."
VIVA VERDI 