[El Gran Inquisidor asoma la cabeza por un lado del hilo. Mira, desconfiado, a los lados, sospechando que este mensaje pueda ser una trampa para cogerle con la guardia baja y colocarle un pack de óperas dodecafonistas en un despiste. Parece que no hay nada de eso]
Yo adoro a Meyerbeer. Romperé la hucha (o más bien los fragmentos de la hucha, porque el martillazo ya se lo he dado este año... permanezcan atentos a Crónicas de Funciones, que igual escribo algo más adelante) para ir, de rodillas, a la preclara ciudad donde pongan Los Hugonotes.
¿Por qué no se monta más? Lo de los repartos es un argumento poderoso: sobre todo, por los tenores. Cuando consigamos descubrir qué clase de tenor tiene que cantar Raoul y contra qué orquesta, daremos un gran paso. Y ya saben vds. lo que pienso yo sobre esta cuestión: menos orquesta y un contraltino con rizos y de ahí a la Gloria.
¿Por qué otras razones no se pone? Porque no es
cool. Los intelectuales desprecian abiertamente, desde Schumann y Wagner en adelante. Su música les parece insustancial, populachera, vulgar... ¿Qué se puede esperar de un tío que llenaba teatros y del que Verdi y Rossini estaban terriblemente celosos?
Y aparte, debe ser carísimo de montar. No puedes hacerlo bien con cantantes de saldo, sino que, en el caso concreto de Hugonotes, necesitas una pandilla de titanes.
Mi esperanza está puesta en Minkowski y Chatêlet, 2014. Se cumplen los 150 años y son el momento, lugar y sujeto perfectos.
Sí, de ilusiones vive el tonto de los cojones
PD: Lenz, ya te invitaré a comer, te lo has ganado
