VickyCristinaBarcelona. Como le gusta al Sr. Delaforce, copio y pego de mi crónica blogera:
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Un año esperando, y por segunda vez en los dos últimos, Woody no ha estado a la altura de su propio genio. No importa. Porque una película de Woody Allen sólo es floja si se la compara con su propia obra. En medio del panorama actual sigue siendo un oasis de buen cine. El guión hace aguas, palidece junto al brillo cegador de películas corales como Hanna y sus hermanas o Maridos y Mujeres, incluso le falta el ritmo que tienen comedias más recientes y modestas como Un final made in Hollywood o Granujas de medio pelo. Pero tiene el sabor inconfundible, la factura impecable del maestro. Sus localizaciones increíbles (mirad que es bonita Barcelona, pero es que él la saca deslumbrante), sus ambientes chic, sus copas de vino, sus mujeres neoyorquinas... uno se siente en casa a pesar de todo. Y está su habilidad para sacar de los actores aquello que nadie más es capaz de sacar: la mirada franca, la sonrisa nueva, el abrazo espontáneo. Actores que realizan un trabajo digno de destacar. Incluso Javier Bardem aparece contenido, simpático y absoluto merecedor del protagonismo que comparte con las dos americanas. Me temo que no podré decir lo mismo de nuestra Penélope, aún con ser la que más risas arranca entre el público (su personje es el causante de la mayor parte de los gags cómicos): me ha cansado sobremanera. Salvo dos frases en las que no he podido sino reirme, el resto de su breve papel ha sido superior a mis fuerzas. Cierto que es un personaje para ser interpretado de manera excesiva y dar rienda suelta al histrionismo, pero no he podido evitar que se me apareciera la mala actriz sobreactuada y con voz de pito a la que me había hecho olvidar la soberbia intérprete que pude ver en La niña de tus ojos. Por cierto, al lado de su Inglés de Alcobendas Bardem parecía William Shakespeare. Será hecho a propósito, supongo.
Junto a nuestras rutilantes estrellas, las dos jóvenes que dan título a la película: Rebecca Hall está magnífica en el papel de la moderada Vicky, quizá el que está más en la tradición alleniana de los cuatro, y seguramente el que tiene más miga interpretativa. Y a Cristina nos la trae la última musa del genio, en el podio de los mitómanos allenianos ya junto a Diane Keaton y Mia Farrow: la explosiva Scarlett Johansson. He de confesar que tengo debilidad por ella desde Match Point, precisamente su primera colaboración con el maestro. Me gusta por la fragilidad que asoma bajo sus curvas de pin-up, por el aura tierna que desprende a pesar de ese rostro tan explícitamente carnal, por la versatilidad que la hace igual de creíble en drama que en comedia, por su imprescindible vis cómica, porque es una actriz como la copa de un pino pero exhala el perfume de las estrellas de otro tiempo. Y la tercera belleza en discordia, más bella que nunca a través del ojo de Allen, nuestra Barcelona, más mediterránea, luminosa y romántica que nunca. Eso sí: aunque la Ciudad Condal es protagonista de excepción, el maestro no ha podido evitar, tratándose de su primer y quizá único rodaje en España, ceder a su debilidad personalísima regalándole los minutos más hermosos y delicados del metraje a su querido Oviedo. Me pregunto qué he estado haciendo todos estos años sin conocer semejante joya, aunque pienso ponerle remedio pronto...
Resumiendo: incluso la peor película de Woody Allen es una buena película, y no estoy segura de que VickyCristinaBarcelona sea la peor. En ella, además, trabajan nuestras estrellas más cercanas, aparecen lugares que nos son familiares retratados como nunca antes los habíamos visto, ofrece una ración generosa de bellezas de ambos sexos y del personalísimo mundo de Allen. Y su mundo es un lugar que siempre apetece visitar. No os vais a encontrar Annie Hall ni Manhattan, ni siquiera Scoop. Pero aún así creo que no debéis perdérosla. ¡Y viva Woody Allen!
Ah! Me lo he pasado pipa
Para mí, vamos recuperándonos tras el bajón ínquietante de
El sueño de Casandra.