En 1973, Górecki oyó hablar de una inscripción garabateada en la pared de una prisión de la Gestapo en Zakopane, situada a los pies de los Montes Tatras, en el sur de Polonia.
Montes Tatras
Las palabras pertenecían a la adolescente de 18 años Helena Wanda Błażusiakówna, encarcelada el 25 de septiembre de 1944. La inscripción decía: "O Mamo nie płacz nie - Niebios Przeczysta Królowo - Ty zawsze wspieraj mnie - Zdrowas Mario" (Mamá, no llores más. Virgen pura, Reina del Cielo, Protégeme en todo momento. Ave María).
El compositor lo recordaba así: "Admito que siempre me han irritado las grandes palabras, los gritos de venganza. Quizás si me viera frente a frente a la muerte yo también gritase así; pero esta frase que encontré era diferente, casi una disculpa o una explicación por haberse metido en este lío; busca consuelo con palabras sencillas, pero significativas". Más tarde explica: "En la prisión, toda la pared estaba cubierta de inscripciones que clamaban: 'Soy inocente', 'Asesinos', 'Ejecutores', 'Liberadme', 'Salvadme', etc. Todo era chillón y banal. Los adultos escribían este tipo de mensajes, pero he aquí una chica de 18 años, casi una niña. Ella es diferente. No desespera, no llora, no exige venganza. No piensa en sí misma, en si merece o no este destino. En cambio, piensa en su madre, que es quien experimenta la verdadera desesperación. Esta inscripción es algo extraordinario. Y realmente me fascinó."
Este segundo movimiento, de nueve minutos de duración, está escrito para soprano, clarinetes, trompas, piano y cuerdas. Según el compositor, "quería que el segundo movimiento tuviera un carácter montañoso, no en el sentido del folklore puro, pero sí que recogiera el clima de Podhale... Quería que el monólogo de la muchacha pareciera como canturreado... por una parte casi irreal, pero por otro dominando a la orquesta."
El movimiento se abre con bordón, La–Mi, y un fragmento melódico, Mi–Sol♯–Fa♯, que alterna con caídas repentinas al acorde Si♭–Re♭. Thomas describe el efecto como "casi cinemático... sugiriendo el aire libre de las montañas". A medida que la soprano comienza a cantar, sus palabras son acompañadas por la orquesta, hasta alcanzar el clímax en La♭. El movimiento se concluye con un largo acorde de las cuerdas que dura más de dos minutos sin diminuendo
Górecky compuso la Sinfonía de las lamentaciones en 1976 en su casa de Katowize, con destino al Festival de Royan de 1977 donde el 4 de abril fue estrenada por Stefania Woytowicz y la Orquesta de la radio alemana del suroeste, Baden Baden, dirigida por Ernest Bour. Tras el estreno de la sinfonía, la crítica francesa se dividió entre quienes la consideraban ingenua, quienes la consideraban reaccionaria y quienes afirmaban que era ambas cosas. Luego, permaneció casi olvidada hasta que la soprano Dawn Upshaw y el director David Zinman decidieron reestrenarla. Su grabación con la London Sinfonietta de la Symphony of Sorrowful Songs en 1992, fue un apoteósico éxito internacional del que Górecki se nantuvo voluntariamente al margen, manifestando no comprender lo que estaba sucediendo y pidiendo que lo dejasen trabajar tranquilo.
Vista de Katowice
Las numerosas interpretaciones sucesivas de la Sinfonía de las lamentaciones en Europa y América provocaron airados debates mientras la obra obtenía el favor del público y de los intérpretes, se grababan al menos una docena versiones de la sinfonía y esta se convertía en un auténtico best-seller. Hace diez años se podía escuchar como música ambiental en aeropuertos e hipermercados de todo el mundo mientras que en obras de referencia como Contemporary Composers (Chicago, 1992) se puede leer que el hecho de que Górecki “es uno de los compositores contemporáneos más innovadores, es algo que ya no se discute. Es uno de los más brillantes artistas polacos en cualquier campo de la creación desde la muerte de Chopin hasta el nacimiento del sindicato Solidaridad”. Compañera de viaje de las creaciones pasionales de Ligeti y Paert, dos víctimas de la intolerancia, la Sinfonía de las lamentaciones, se ha erigido en la sucesora de El superviviente de Varsovia de Schönberg como paradigma de la denuncia musical del genocidio.