Acabo de releer "Pabellón de cáncer", de Alexander Solzhenitsyn. Esta novela parte de las premisas esenciales de la mejor literatura rusa: un fondo de épica trascendencia contra el que se define nítidamente un conjunto riquísimo de personajes de variado origen social y étnico. A partir de experiencias vitales propias tan potentes como el paso por el Gulag o el padeciento de un cáncer, Solzhenitsyn construye un relato magistral, apasionado, hóndamente triste, de los que dejan al lector con el alma en suspenso y hacen reflexionar mucho tiempo. La novela parte de la llegada de un alto funcionario del partido con un bulto en el cuello ("no puede ser cáncer") a un hospital especializado en el tratamiento del cáncer. En la sala común, convive con un ex-oficial de artillería díscolo (el alter ego del autor), un joven idealista, campesinos no rusos, enfermeras desenfadadas, médicos amenazados por las purgas aleatorias y caprichosas y por su propia exposición a las radiaciones utilizadas como terapía. Miedo, dudas, estupido egoísmo, grandeza de alma, necesidad de amor, crueldad gratuíta y una soledad universal atraviesan la peripecia de unos personajes siempre superados por circunstancias que les gobiernan por encima de su voluntad, enteramente frágiles y rabiosamente humanos. Gracias al maestro Solzhenitsyn por una obra como esta. Descanse en paz.
