y finalmente, la Madama Butterfly. Cielo nublado, caen algunas gotas a veces y amenaza tormenta. Los mosquitos están cabreados. Las señoras de Valentino también, el chubasquero del festival no les hace juego con los stilettos.
Y Señoras y Señores, encuentro a mi Butterfly. Una cosita pequeña, delicada, con una voz piccolina, tan bien proyectada que se come sin problemas cielo tormentoso, orquesta, coro de familiares, mosquitos y mi aliento. Liping Zhang es LA Butterfly esta vez, timidita, dulce, apasionada, determinada, esa mujercita enamorada, me roba el corazón. Eso en un teatro abierto. Quiero, quiero, quiero oirla en Bilbao. Me he enamorado como una tontorrona. El teatro está en silencio durante casi toda la obra. No hay casi aplausos. Algun brava timido. El mio y otro mas. Dudo una vez mas de mi criterio y del engaño de la noche mágica. Ah, no. Cuando suenan las ultimas notas el teatro se cae y la ovación dura veinte minutos largos. Entierran a la Zhang en flores.
Pinkerton (Massimiliano Pisapia) no me seduce vocalmente, aunque actoralmente es perfecto: es un Pinkerton infantil y odioso, que juega inconsciente con las figuras de los antepasados, con el arma del padre de Cio-Cio-San, con la mirada encandilada de su mujer.
Alessandro Corbelli como Sharpless me convence mucho mas. Mariella Guarnera como Suzuki va de menos a mas, a mucho mas y me emociona. El resto del elenco no desmerecen. Escenografía minimalista, con una caja (la casa de Butterfly) que gira y se abre por distintos sitios para cambiar la escena, no molesta y sugiere, y permite bellisimas sombras chinescas. A media opera, como en Turandot, la luna rompe las nubes y se situa justo encima del escenario como si estuviera preparado.
Mágico.
