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Acabada la temporada, llega el momento de hacer balance. Creo que alguien ha escrito que ésta ha sido una temporada patética. Es un punto de vista. Está bien que haya diversidad de voces y opiniones, el entusiasmo de unos se ve templado por el ácido de otros y así tenemos una visión más rica, desde más perspectivas. La mía, mi perspectiva, es la del simple aficionado que, apartado por sus limitaciones de la ambición de ser el que más sabe, opta a ser el que más disfruta.
Punto fuerte (fortísimo) de la temporada, la presencia de don Claudio Abbado. Qué se puede decir de la experiencia de gozar en plenitud de la sabiduría de un maestro que llena la música de luz y trascendencia. No sé si volverá a sentirse en el teatro el ambiente de tenso recogimiento, de devoto respeto, y ese estallido final de felicidad y entusiasmo que enmarcaron las actuaciones de Abbado, pero la ocasión es de las que se vuelven a paladear pasado el tiempo. Un hito.
Sorpresa grata, función revelación, la casi clandestinamente programada Violación de Lucrecia. Función teatral de altura, intimidad camerística en lo musical. Y una duda: ¿por qué no se ha rescatado la producción para esta temporada, en mejor lugar y con más funciones?.
Piedra angular de la temporada, Tristán e Isolda, con repartos vocales hoy muy difíciles de superar, con la Meier y su carisma de estrella de cine clásico, un René Pape gigantesco, impresionante, el honesto poderío de West, la belleza tímbrica de Dean Smith (¡pena de volumen!), y una escenografía interesante aunque con puntos discutibles.
También en el campo de lo reseñable, las dos versiones de Tancredi, mucho más interesantes por sus repartos que por la concepción escénica, con esa perla negra que es la voz de Ewa Podles, el buen gusto de un Zapata algo tímido y la excelencia dramática y vocal de Patricia Ciofi.
El Tamerlano tiene que ser necesariamente el Tamerlano de Plácido Domingo, y es que además poco más tuvo de destacado que no fuese la expectación, morbosa o no, por su presencia y lo interesante de su recreación de este personaje (uno más, don Plácido), y una buena dirección musical de McCreesh.
En el campo de la versión concierto, dos puntos fuertes: el italianísimo Bajazet de Biondi y el exquisito Orfeo de Flórez, delicatessen para paladares finos.
En el campo de lo prescindible, el Boris que abrió temporada, ¿alguien recuerda algún detalle que no fuese la fea escenografía?; el aburrido Burbero de Martín y Soler, que va a necesitar algo más para salir del olvido; la desértica Leonora en versión concierto de la Orquesta Nacional o el decepcionante Orfeo que prometía mucho, pero mucho más, y que yo considero el principal patinazo de esta temporada.
Y decepcionante también en general las direcciones musicales que, aparte de la maravilla Abbado con orquesta propia, no han pasado en líneas generales de lo correcto y no han llegado en ningún momento a entusiasmar. Creo que se podía esperar más de Frizza, Pidó o Christie. De Cobos y de la Orquesta Sinfónica, podemos seguir hablando...
_________________ -Wer naht?
-Der König!
-Welcher König?
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