Los míos de pequeños escuchaban ópera (aparte la que oían cuando la ponía yo para mí) con cierta normalidad.
Y con normalidad rechazaban cosas que yo pensaba más o menos idóneas (el Hansel y Gretel de Humperdinck nunca los retuvo más de diez minutos, pero es otra que podrías probar con los tuyos) o se enganchaban a cosas que yo pensaba complicadas (la niña cuando se iba a dormir con su pequeño cassette, unas veces pedía dormirse con cuentos, otras con la cantante de canciones infantiles de turno y otras con "La flauta"). La primera vez que estuvo físicamente en un teatro fue para un "Barbero" y -admito que la puesta era muy colorista y vistosa- lo aguantó sin rechistar a los cinco años.
Ahora, de adolescentes, el chaval es rapero y no puede permitirse que parezca que tiene cierto interés por esas cosas de su padre (ni la música ni ninguna otra, claro). La niña alguna vez ha venido conmigo al Real con resultados irregulares: a veces salió entusiasmada y a veces más aburrida. O sea, mi política (diría mi consejo, pero ¿quién se atreve a aconsejar en materia de educación?) ha sido no forzar las cosas y dejar que cada uno tuviera sus preferencias... Y de momento no me quejo: a ambos les gusta la música aunque no sea necesariamente la que me gusta a mí.
Ah, me olvidaba: andan por ahí unos DVD de las marionetas de Salzburgo, de los que no diría el Così fan tutte, pero por ejemplo La flauta parece m´s que llevadera para críos. Y el DVD de Bastian + Schauspieldirektor de la serie Mozart22, también con esas marionetas, es una delicia que tal vez se podría probar (y está por ahí en el éter

o te lo puedo pasar si te interesase)