Epicúreo escribió:
Debo discrepar (cordialmente, por supuesto). En cuanto a la renovación del género operístico, como sabes se están componiendo óperas continuamente, pero muy pocas llegan a representarse, y si lo hacen duran muy poco en cartel. Pese a todos los experimentos en la segunda mitad del siglo pasado con el serialismo, el minimalismo y hasta la música electrónica, de los compositores recientes sólo se representa regularmente a Benjamin Britten. La mayoría del público prefiere ver las mismas óperas favoritas de siempre: el genio de Mozet, Verdi y Wagner y un repertorio central de unas 150 obras son las que siguen sustentando este arte al día de hoy. No digo que vea del todo bien esta situación (deberían, en efecto, representarse más óperas nuevas), pero es lo que hay.
En ese sentido, la "puesta en escena" no es un ingrediente superficial. Por supuesto, la música de Mozart, Verdi o Wagner es y seguirá siendo universal, pero sus escenificaciones cambiantes son, además de un "signo de los tiempos" que corren, una oportunidad nada desdeñable de contemplar la obra de estos autores desde nuevas perspectivas. la ópera, claro está, no es sólo música e interpretación solista, coral y orquestal, sino también drama, narrativa, historia, palabras, símbolos e, inevitablemete, interpretación de estos símbolos (una interpretación que dependerá de nuestras actuales coordenadas culturales). Lo siento mucho, pero yo no puedo ver una ópera de Wagner situándome en la perspectiva de los ciudadanos alemanes que acudían a las Festpielhaus de Bayreuth, como tampoco puedo ponerme en la perspectiva del káiser Guillermo ni mucho menos en la del propio Wagner, obviamente, y no sólo por las diferencias abismales de talento. Incluso en el apartado puramente musical y en el aspecto emotivo más íntimo, tampoco puede ver ni escuchar una ópera de Wagner desde el mismo punto de vista de quienes asistían a las Festpielhaus. Si la música es un lenguaje (yo creo que sí, aunque sobre esto hay polémica: ¿cuál sería su referente en la realidad?), entonces como todo lenguaje es flexible y cambiante, y en absoluto "eterna" si por eso entendemos algo que permanece siempre idéntico por los siglos de los siglos. De lo contrario, si la música fuese universalmente inmutable y la ópera fuera una arte "puro" sin relación posible con el mundo actual y no susceptible de interpretaciones de ninguna clase, entonces cada vez que escucháramos a Wagner deberíamos sentir "ganas de invadir Polonia", como decía Woody Allen.
Delaforce considera esta proliferación de nuevas puestas en escena y nuevas interpretaciones y revisiones de las óperas clásicas como un síntoma de "desquiciamiento" de la era moderna. Pero, ¿"desquiciamiento" respecto de qué? ¿Dónde está el quicio o el punto de apoyo central respecto al cual valorar que exista tal "desquiciamiento"? ¿Por qué no aceptar que en esta era postmoderna nuestra valoración de la ópera, así como la forma misma de representarla y de interpretarla, haya cambiado con respecto al pasado, y que hoy en día la ópera se caracterice más que nunca por la enorme variedad de representaciones, de revisiones, de escenificaciones clásicas y postmodernas, de interpretaciones y de re-interpretaciones político-ideológicas y personales-subjetivas, todas (o casi todas) ellas igualmente válidas? El des-centramiento de la ópera es estrictamente equivalente al descdentramiento ideológico postmoderno. Eso es lo que hace que la ópera siga siendo interesante para muchos y que no se haya convertido en una reliquia anquilosada en el pasado.
Por otro lado, aunque lo "Otro", como bien dice Delaforce para referirse a lo que no es estrictamente "operístico", es decir, a las elucubraciones políticas y filosóficas o a las escenificaciones "modernizadoras", no tenga fuerza ni siquiera para agitar las ramas de los árboles próximos a la Deutsche Oper, sí ha contribuido y sigue contribuyendo a que la ópera salga fuera del círculo reducido de las elites. Delaforce es un "positivista de la ópera", que sólo acepta los "hechos puros", los puros datos musicales de las obras, y rechaza cualquier especulación teórica y cualquier interpretación que no respete la pureza de la composición original. Sin embargo, ésta no es hoy la única actitud posible frente a la ópera, y desde luego (por fortuna) no creo que sea la mayoritaria.
Sigamos discrepando, dentro de la cordialidad.
Comenta usted que la mayoría del público prefiere ver las óperas del repertorio "tradicional", antes de asistir a nuevas creaciones, o a recuperaciones de todo un repertorio de más de 400 años de historia. Evidentemente, esto es básicamente cierto (aunque cada vez menos, sobre todo en lo que a la recuperación de óperas del pasado se refiere), pero también lo es que la mayoría de ese público, al menos el que escribe en foros de ópera

, prefiere ver esas obras representadas conforme las concibieron sus autores (con todos los adelantos técnicos que sean menester, por supuesto) y, sin embargo, eso no es óbice para que cada dos por tres se asista a una puesta en escena "conceptual".
En mi opinión, no como "positivista" sino como simple aficionado, la puesta en escena
es un ingrediente superficial. Incluso accesorio. Durante décadas, por no decir siglos, bastaba con unos telones pintados y que los cantantes interpretaran sus papeles
con la voz, para que la ópera fuera un éxito. Hoy en día, se hacen versiones en concierto y se vende gran cantidad de cd's sin que la falta de una puesta en escena suponga una merma de estas actividades.
La música es un lenguaje, un lenguaje que juega con el tiempo, con el silencio, con la eternidad. Lo que permanece idéntico es la validez de ese lenguaje, de esas notas de Wagner, de ese libreto del Holandés. Las sensaciones particulares pueden cambiar, claro está, con el tiempo y más aún con las personas receptoras de ese mensaje. Ahí radica la grandiosidad de una ópera de la calidad del Holandés.
Exagera usted mis palabras al hablar de "desquiciamiento de la era moderna". No era mi pretensión hacer una afirmación de carácter tan universal; me refería al "desquiciamiento" del mundillo de la ópera, exclusivamente. El descentramiento ideológico que comenta usted, francamente, en caso que exista, no le veo mucha relación con una representación de ópera. Evidentemente, el Holandés no será nunca una reliquia del pasado, por la calidad de su música y también de su libreto (aviso: sigo sin necesitar carnet de la Asociación Wagneriana de Madrid

), no porque la ópera se presente con una puesta en escena 'descentrada' y paralela al 'descentramiento' del mundo postmoderno, signifique esta frase lo que signifique.
Nunca me ha parecido que la ópera, o la música en general, pertenezca al círculo reducido de las élites. Y ahora, mucho menos. Cualquier persona (en Occidente, claro) que desee acceder a este mundo se encontrará las puertas abiertas y anchas avenidas para tomar contacto con representaciones, grabaciones, libros... todo ello a precios muy ventajosos. A veces, incluso gratis.
En lo que sí estamos de acuerdo es en que no existe una única actitud posible frente a la ópera, aunque tal vez discrepamos en cuanto al número de aficionados partidarios de puestas en escena "conceptuales". Yo mantengo que cada vez son menos, y que esta tendencia pertenece ya al pasado; cada vez más se irá convirtiendo en una reliquia, dentro de no mucho tiempo auguro que tendrá la misma consideración que la moda de los años 70.