Se están aportando muchas ideas atinadas respecto al problema que tratamos. A mí me gustaría puntualizar que:
1- Efectivamente como ha dicho Delaforce hay un problema de "enseñanza": según la experiencia que yo tengo hoy no es tan fácil encontrar un profesor de técnica vocal tan completo como los que había antes. En algunos repertorios concretos como la música antigua en cambio hay mucha más oferta, pero si lo que buscas es una educación de la voz en el sentido "clásico", que te capacite para abordar desde el belcanto al verismo (aunque luego necesariamente te decantes, por supuesto) con las bases de la respiración y la emisión necesarias para cantar en un teatro de las dimensiones normales, pues lo más habitual es volverse loco buceando entre cuentistas sacadineros, academias operación-triunfo, iluminados varios con buena intención y profesionales en activo de segunda o ya retirados con una capacidad de enseñar cuasinula. Esto por supuesto retrasa necesariamente la formación del cantante, respecto a antaño.
Por otro lado, los cantantes de hoy que deseen hacer una carrera seria deben pasar por una enseñanza oficial mucho más compleja que los de antes, lo cual es positivo, pues a priori su base musical es mayor que la de los de antaño (con todas las excepciones que se nos quieran ocurrir aquí). En lo de que salgan siendo mejores "músicos" es mejor no entrar, puesto que:
a- por mucho que conozcas de matiz y acentuación, juegos de métrica, reglas de ornamentación, etc. de nada servirán si no las puedes poner en práctica porque no has aprendido a sacar partido a tu instrumento;
b- el músico "se hace" a lo largo de toda su vida en el sentido que apunta B (el forero).
En todo caso esa formación oficial que antaño no era tan compleja también retrasa la formación del cantante.
2- ¡Pero es que también hay un problema de "apresuramiento"!: la escasez de las voces masculinas, la urgente demanda de los teatros y espectáculos (pequeños y no tan pequeños) hacen que los agentes vayan a buscar a los pezqueñines "a la puerta del colegio" como quien dice, una situación que (supongo yo) antes no se daba.
Estoy de acuerdo en que este estado de cosas, sumado a la cultura del éxito rápido sin sacrificio que es universal en nuestros días, hace que muchos piensen en el cuento de hadas, en preferir ser unos guiñapos tipo Paul Potts que en realmente aprender a ser cantantes, pero debo decir que no lo considero el caso paradigmático del cantante, ni mucho menos.
El verdadero problema del apresuramiento no es el de querer conseguirlo todo sin trabajar, sino en decidir equivocadamente en QUÉ vas a dedicar tus mayores energías en ese trabajo.
Si tú, cantante que te estás formando, ves que lo que se "premia" es una formación musical en un centro de renombre, arrimarse a unos directores x, apuntarse al carro de la new age historicista, irse a hacer cursos molones en el extranjero y a dar master classes con antiguas celebridades, estar guapísimo para los castings, etc. pues vaya que harás sacrificios, y muy grandes, diría yo, pero para eso, para lo que te asegura el triunfo.
¿Dónde está el trabajo de base con ese profesor particular intransferible, ese cincelado de la voz que Dios te dio, clase tras clase, ese trabajo tan duro e ingrato, tan frustrante a veces, tan gratificante otras? ESO ES LA FORMACIÓN BÁSICA DE UN CANTANTE. Pues eso, precisamente eso está absolutamente desvalorizado hoy día.
No se puede poner en ningún curriculum, ¿verdad? Y si luego el público, bien porque no tiene referencias del pasado o porque ha rebajado el listón y abierto las tragaderas, aplaude a cantantes que antaño tendrían hasta prohibido cantar el
Caro mio ben en un aula, lo mismo que antes se aplaudía a los maestros del canto... ¿qué podemos esperar?
Lo cual me lleva a lo que primero quise decir con lo de que nosotros tenemos la culpa. Si les suena muy fuerte eso de "culpa", pensemos mejor en positivo y digamos que el único que puede parar este proceso degenerativo es el público, puesto que todo ese espectáculo (y negocio, como sabemos) se hace para nuestro consumo. ¿Se creen que si no lo pararán los agentes, que se están forrando con los bolos de sus pezqueñines? ¿Lo pararán los gestores de los teatros de ópera que venden casi todas las entradas en la misma mañana en que salen a la venta por internet? ¿Lo pararán los cantantes, en un arrebato de lucidez como el que según nos ha contado Gino tuvo Pavarotti al rechazar un debut prematuro en la Scala? Yo creo que NO. Que ninguno de estos hará el mínimo esfuerzo para pararlo.
Creo que los amantes de la lírica que posean las referencias de lo que era "bueno" tienen la obligación moral de ir a los teatros para distinguir, para separar el grano (que lo habrá, aunque poco) de la paja, para premiar una formación en condiciones y para castigar lo contrario. Con educación, sí, al final del espectáculo, también, pero con todo el derecho que les da haber pagado su entrada.
En una entrevista a Bergonzi de hace unos meses donde le preguntaban por la crisis de las voces masculinas decía que llevaba un tiempo trabajando con un chico que prometía (ni recuerdo la cuerda, acaso barítono), pero que aún tenía mucho que trabajar, que aún no estaba listo, etc... No sé qué tal voz tendrá (supongo que muy buena, si así le parece a Bergonzi), tampoco sé qué tal profesor sea Bergonzi (a lo mejor es malísimo), lo que sí sé son dos cosas:
1ª- que al final de ese proceso a ese chico lo único que se le va a mirar será el nombre de Bergonzi puesto en su c.v.
2ª- que como se descuide, acabarán pasándole por delante todos los de su generación que no se están "entreteniendo" tanto, porque total, dará lo mismo que cante mejor que los demás, al ser un caso entre un millón el público seguirá aplaudiéndolo todo y ese esfuerzo personal se perderá en el océano.
Entre otras cosas porque mucho aficionado que levitaba con Bergonzi seguirá sin abandonar su mesa camilla y sus discos de siempre para ir a escucharle y juzgarle en vivo.
¿Tenemos lo que nos merecemos?
