Sacto, coincido en lo de Scarpia.
Yo tuve una vez un compañero que se creía Don Giovanni (y me contaba su lista de conquistas por toda Europa, la lista de las que estaban locas por él, llamaba al móvil y a casa a todas horas... hasta que mi marido le sugirió "amablemente" por teléfono que me dejase en paz... ya que no se daba por aludido cuando yo lo hacía). Ah, también me ví obligada a dejar aviso al conserje de mi trabajo de entonces (que estaba cachas y era otro pendón por el estilo) por si ese señor se presentaba allí, para que también "amablemente" le dijera que se marchase con viento fresco, pues ya me había mandado recaditos a través de compañeras comunes y empezaba a estar bastante harta.
En realidad su físico es el de Shin Chan, es un plomo, está casado y no se come una rosca. Por fortuna para mí hace muuuuuucho que no le veo ni le oigo. Pero hace poco otra compañera coincidió con él en un evento y, por lo visto, sigue igual. Esta chica (también felizmente casada, como yo) tuvo que huir de mesa en mesa a ver dónde se sentaba para que el petardo ese no se le sentase al lado, e incluso tuvo que decir a un grupo de amigos que, si preguntaba por ella, le dijese que se había marchado.
Un majara, vamos...