Bueno, pues con la resaca del gran día voy a contaros mis impresiones del
Tamerlano de anoche...
Para empezar, dejar claro que me encanta la ópera barroca. De hecho me gusta toda ópera que me haga disfrutar, que tenga belleza y emoción, que me parecen dos cosas imprescindibles. Y que Händel me parece un genio. Dicho esto, señores, lo mejor de la representación de anoche fue, con mucho y sin la más mínima duda,
Plácido Domingo. Cualquiera que estuviera en el teatro lo puede corroborar. No quienes oyeran una retransmisión por la radio (donde, entre otras cosas, todas las voces suenan al mismo volumen), o quien sea muy aficionado a la ópera barroca y haya escuchado a Plácido en otros papeles. Quien haya estado en estas funciones lo sabe, y sabe que no lo estoy diciendo porque para mí este hombre sea un dios -que lo es- sino porque es la verdad.
Sabíamos que no iba a estar muy "en estilo", más que nada porque es el segundo papel barroco de su vida y el primero fue hace 30 años. Pero esto del estilo... ¿tanto les influye a la hora de disfrutar una ópera? ¿prefieren a alguien muy adaptado a los modos barrocos que sea como si no estuviera en el escenario? Porque las dos mezzosopranos protagonistas (
Sara Mingardo y sobre todo
Monica Bacelli) supongo que estarían muy en estilo, pero lo tengo que suponer porque no se las oía. Y hablo literalmente. Desde el proscenio de anfiteatro tenía que guiarme por la pantalla y el movimiento de labios para saber cuándo estaban interviniendo. Y esto me vais a perdonar, pero ni barroco ni narices, esto no es ópera. Que no me vendan la moto de la ópera barroca, que no hace ni 10 días que he estado viendo
Bajazet con cuatro mezzos como la copa de un pino. ¿Que no hace falta ser la Meier para cantar barroco? Vale, pero es que me da la sensación de que con la moda de la ópera barroca aprovechan para colarnos voces que a lo mejor serán muy bonitas en una iglesia enana con cuatro personas y el cura, pero para cantar en un teatro de ópera no valen. Y lo de anoche era una ópera. Yo he visto a la Genaux, sin tener el volumen espectacular de la Podles se la oye estupendamente, vive sus personajes, y como ella habrá más. Lo de anoche era de juzgado de guardia.
Quitando a la soprano (
Ingela Bohlin) y al barítono (
Luigi De Donato), que eran los únicos a los que se oía un poco (la mezzo que hacía de Irene,
Jennifer Holloway, tampoco estaba mal, pero sale muy poco), ahí no había más ópera que Plácido Domingo. El único con presencia, con drama, con sangre en las venas. El único que se estaba creyendo su personaje. Y por supuesto la voz más bella y espectacular de tenor que yo he escuchado en un teatro. Qué escena de la muerte se marcó, señores. Transmitiendo emoción, conmoviendo hasta la médula, como sólo sabe hacer él...¿y eso está mal en una ópera, por muy de Händel que sea? No señor

Las cosas bien hechas, la emoción, el lirismo, la belleza vocal, el poner el vello de punta en un teatro no tiene precio. Y eso anoche sólo era capaz de hacerlo (y cómo) Plácido. Que es tan grande que creo que todos los que lo critican tan despiadadamente deberían verlo más a menudo en vivo.
Sobre la ópera, decir que efectivamente es tirando a ladrillo (aunque va de menos a más), y no le llega a la suela del zapato a
Ariodante, sin ir más lejos, y ya no digamos a
Julio César. ¿Cómo es posible que con el mismo
Ariodante, o con
Bajazet, que eran en versión concierto, disfrutara como una enana y con esta, salvo las intervenciones de Plácido y poca cosa más (el dúo de los dos enamorados y algún aria de la soprano) me aburriera soberanamente? Pues primero porque Händel es Händel pero tenía días, y segundo porque lo de las cantantes, insisto, era de juzgado de guardia. La escenografía bonita en general, los trajes preciosos, pero eso sí, la falla y los moritos haciendo tai-chi superiores a mis fuerzas (en el único aria del barítono se pusieron a enrollarse y desenrollarse toallas en la cabeza y a rodar por el suelo y me provocaron tal ataque de risa que casi me la perdí entera... para uno al que se le oía

)
Y el triunfador de la noche, y quien estuvo lo sabe, Plácido. El gran, el inmenso Plácido. Ópera en estado puro. La voz más bella, potente y perfecta que he escuchado en un teatro. Traten de verlo más a menudo, que merece la pena.