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Pues yo, en verdad, debo confesar que, un año más, la temporada del Liceu me ha decepcionado y, para mí, va de mal a peor, por poco equilibrada y por ofrecer títulos que, por más que nos gusten, son los mismos que se repiten hasta el aburrimiento en los teatros de todo el mundo.
Baste come ejemplo Simon Boccanegra y Fidelio, incluidos en la temporada actual del Palau de les Arts y del Teatro Real. Incluso Tiefland, que a nosotros nos puede parece original, es un título representado con más o menos frecuencia en los teatros de Suiza, Austria y Alemania. Por no citar Le Nozze de Figaro o esa Turandot que, como la Aida de este año, será la tercera o cuarta vez que nos proponen desde la reinauguración del teatro, supongo porque les sale a cuenta ya que son producciones propias, pero que, como dice algún forero, terminaremos aburriendo.
¿Para cuando una obra de Cimarosa, Scarlatti, Pergolesi, Paisiello, Cherubini, Spontini, Lully, Rameau, Smetana, Berlioz, Auber, por citar sólo algunos nombres de una larga lista de compositores que realmente NO se representan nunca en los teatros y que sería interesante recuperar?
Lo único loable de este temporada alemana, sin Rossini, Bellini ni Donizetti y, como única celebración del aniversario del nacimieno de Puccini la citada Turandot, es que, finalmente, se apuesta por la creación de una ópera contemporánea que, guste o no guste, debería ser una de las tareas de cualquier teatro público con un presupuesto de más de cincuenta millones de euros. Esto, e ir recuperando los autores españoles, tarea que el Liceu sí cumplirá la próxima temporada programando Falla pero que, en general, tiene completamente olvidada.
Daniel
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