Después del intenso fin de semana Cenerentola-Tristán, en 24 horas, han tenido que pasar estos días para poder digerir dos formas tan distintas de entender la ópera y el amor.
Ya comenté que iba con mucha gana a Madrid, pues en la versión concierto del II acto del Tristán que nos ofreció Meier, estuvo espléndida, sin atisbo de los problemas que detectamos el sábado en la escenificada y que muy bien nos ha contado B, con el que estoy totalmente de acuerdo. Ahora la duda es si, sobre todo las notas caladas son producto del paso del tiempo, del cansancio, de las anginas o de que Wagner se pasó tres cuartos y pide casi un imposible. Cuando me estaba "ilustrando" con la versión de Flagstad, me quedo de piedra al leer que los do5 del dúo de amor se los prestó Schwarkopf. Y se quedan tan frescos con el comentario

Vamos que si en febrero fue capaz de cantar todo el segundo acto brillantemente, es que, en condiciones normales, le sobra el primero, pero no por ella, sino por una partitura diabólica. En todo caso salí encantada, literalmente. La miraba con los prismáticos y todo lo demás me sobraba. Esa forma de interiorizar el texto, que me parece un trabalenguas, y de actuar, es única.TAmbién me dio un poco de penita que la última nota de la ópera no fue todo lo limpia y bonita que esperaba, pero, nada, contentísima.
La verdad es que el Sr. Smith aunque escénicamente estaba a distancia de Meier, se curró un tercer acto que me dejó pasmada. Me gustó mucho su línea de canto que me resultó igualadísima y muy cuidada. Y también expresiva. Lo que pasaba es que las entradas de Kurwenal ponían en evidencia la diferencia de volúmenes pero no me importó nada. A mi, salvo en algunos compases, me llegó siempre bien proyectada la voz.
Me hubiera gustado una Bragäne que se hubiera diferenciado más vocalmente de su señora, pero lo que hizo, lo hizo bien.
De Pape, lo habéis dicho todo, y encima, me parece guapísimo.
La orquesta... me pareció correcta, pero me faltó más metal o más "wagnerianismo". Tengo demasiado presentes las dos jornadas del Anillo de Valencia, dirigidas por Mehta y con una orquesta, que al día de hoy, me parece la mejor de ópera con que nos podemos encontrar en nuestro país: eso sí me pareció un Wagner más puro, o "académico"
El mar de fondo no me impresionó demasiado, pues el director de escena ya lo había utilizado en el Simón Boccanegra de les Arts, y así ya no tenía factor sorpresa. En todo caso, me encantó y también el balanceo de la barca. El mérito que tienen los cantantes al desplazarse por esos nuevos espacios que les preparan.
Y en ésto Serrano no estará nada de acuerdo conmigo: me encantó el tercer acto. Me pareció mucho más creíble esta estancia para alguien que tiene una herida sangrante y que se le va la cabeza con facilidad, que estar plácidamente a la sombra de un tilo. Además le da mucho juego al tenor para deambular y proyectar a sus anchas. A algunos les sorprende lo del sanatorio al lado del mar, no sé, en Valencia hay un Hospital a la mismísima orilla en que las vistas son impresionantes, y se ven venir toda clase de barcos. Mucho menos me gustó la entrada de Tristán en el II acto vestido de Pinkerton. Tuvo que pasar un rato hasta que me hice la idea de que volvía Wagner en vez de Puccini.
Velada inolvidable que ójala se repita.