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Hace un par de meses alguien en el foro nos preguntaba a los bilbainos por nuestras predicciones de cara a las representaciones de esta temporada en ABAO, y yo recuerdo que aposté por este Così fan tutte como éxito para los aficionados (que no para el público general, pues no veo a Mozart triunfando en Bilbao frente a Puccinis, Donizettis o tuttisimos). Creo que me equivoqué, o mucho tiene que cambiar la reacción del público en las próximas funciones para que mi predicción se cumpla…
La producción de este Così suponía la segunda apuesta de ABAO en la actual temporada por lo moderno, curiosamente de la mano de quien acompañó con Barba Azul al polémico Peter Konwitschny en la Elektra que abrió esta temporada: Michael Znaniecki. El resultado me ha gustado menos que en Barba Azul, pero no por la ambientación moderna, muy bien traída y de agradecer ante semejante ladrillo mozartiano. La sensación durante toda la función ha sido de que las buenas intenciones de la dirección de escena no terminaban de cuajar, faltando gags en cantidad y en calidad constantemente. Algún que otro detalle te levantaban una sonrisa, pero jamás había una carcajada ni se tenía la sensación de estar viendo algo verdaderamente gracioso, como se pretendía. La falta de vis cómica de Topi Lehtipuu y Franck Leguerinel no hizo más que empeorar las cosas, pero no fueron el motivo principal. En resumen, una idea interesante y en línea con lo que me gustaría ver en adelante para determinados títulos, pero sin la chispa necesaria y con una sensación final fría de quiero-y-no-puedo.
El reparto prometía un equilibrio de voces difícil de conseguir y la presencia de tres grandes cantantes como Soile Isokoski, Topi Lehtipuu y Maite Beaumont. Al final se nos cayó del cartel nuestra Despina de lujo (aún no sabemos por qué), y tuvimos que conformarnos con la apuesta de ABAO por Marta Ubieta, una de nuestras comprimarias habituales más solventes y destacadas.
El debut de Soile Isokoski en Bilbao pudo ser mucho más triunfal de haber contado con un papel de mayor lucimiento en una ópera más atractiva. Si la reacción del público no pasó de la acogida cálida, no fue desde luego porque no tuvieran delante a una cantante excepcional, con un gusto y una elegancia exquisitas. Es una de esas cantantes que te embriagan por el control y la dulzura con que cantan, un poco al estilo de Lisa della Casa o Elisabeth Schwarzkopf. Lo que daría por verla cantar Strauss.
Topi Lehtipuu regresaba tras el Tamino del pasado año y volvía a demostrar su categoría como tenor mozartiano. Me soplaron que no se encontraba bien, y algo sí que se notaba, pero aun así ofreció uno de los mejores momentos de la noche en su aria del primer acto. Su gran defecto sigue siendo la actuación en escena, que resulta siempre exagerada o corta, y eso en un papel cómico con pretensiones modernas le deja especialmente en evidencia.
Laura Polverelli hizo una Dorabella muy correcta, destacando su interpretación joven y viva del personaje, que encajaba perfectamente con el concepto de la producción. Vocalmente se le echó en falta algo más de delicadeza y un canto menos forte, pero tuvo en general una buena actuación.
Franck Leguerinel repitió en Guglielmo su paso por Pappageno, calcando los pros y contras de la pasada Flauta: la voz pasa desapercibida y él se entrega en escena. A la gente le gusta, pero yo sigo viéndole absolutamente sobreactuado y exagerado en cada uno de sus gestos y palabras. En el caso de Lehtipuu los problemas escénicos se compensan con su talla como cantante, pero en este caso no hay ni lo j’uno ni lo j’otro.
Cinco minutos antes de que comenzara la función, un conocido forero de la zona me intentaba colar que habían cambiado a Lorenzo Regazzo por Marius Kwiecien. Casi me da un ataque de risa al oirlo, espero que para la próxima busque un cambio más creíble. Habríamos ganado con la sustitución, pero aun así tuvimos a un muy buen Don Alfonso, dando una lección de interpretación pseudo-bufa y demostrando que esto no es incompatible con tener una buena voz y cantar bien. Ocurre pocas veces, pero este es uno de esos casos.
Marta Ubieta aprovechó todo lo bien que pudo la oportunidad brindada por ABAO. Fue una Despina muy correcta, con la voz adecuada al papel y siempre entregada en escena. Lástima que su voz no tenga ni de lejos la calidad de las de sus dos compañeras. Sin duda salimos perdiendo respecto de la prevista Maite Beaumont, máxime teniendo en cuenta que estamos ante la Despina del reparto de supuestas jóvenes promesas pero con entradas a precio de oro. Gato por liebre, aunque el gato lo hiciera bien.
El reducido coro que requiere esta ópera hizo sus breves apariciones a un nivel más discreto de lo habitual en el Coro de Ópera de Bilbao, aunque reconozco que puedo no estar siendo del todo objetivo en este caso: el sábado pasado tuve el placer de escuchar en Aida a un excepcional Coro del Gran Teatre del Liceu.
Tenía ganas de ver el debut en ABAO del conjunto historicista Al Ayre Español y su maestro fundador, Eduardo López Banzo. Mi sensación ha sido de cierta decepción. En la primera escena hubo desajustes notables con los cantantes y en los acompañamientos a las arias de Fiordiliggi se escuchó más de una pifia. Aun así, la actuación global fue más bien discreta, con buenos momentos que compensaron los pequeños errores, como el electrizante final del primer acto.
Al final, recepción aún más fría de la ya habitual en el estreno bilbaino, pienso que injusta por el nivel vocal que había, pero sospecho que provocada por el propio título, que se me ha revelado como primer gran turre mozartiano. Qué sinsorgada de Da Ponte, quién te ha visto y quién te ve.
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