II. CONTEXTO MUSICAL Y ARGUMENTO. EL CONTRASTE:
Versión del día: Siepi, Edelmann y Arié. Dirigidos por Furtwängler, por mucho que diga el enlace

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Don Giovanni es, y con razón, una de las óperas más representadas dentro del repertorio habitual, y poquísimos teatros importantes prescinden de ésta en sus temporadas, así que la gran mayoría de vosotros conocerá esta ópera sobradamente.
A pesar de esto, para aquellos que todavía no han escuchado nada de esta genialidad (sirva este escrito como invitación al acercamiento), bien para refrescar la memoria de quienes sí, o bien como propuesta de otra perspectiva artística, me he decidido a escribir un resumen de lo que acontece antes y durante el momento que os presento:
La orquesta arranca en tono solemne, en un acorde de Re menor (un modo “lúgubre”, tonalidad que usará Mozart para su Requiem), con la Obertura. Nos resume sutilmente la escena final de la cena y, sumiéndonos en una inexplicable oscuridad y profundidad, nos profetiza el final de la ópera, pues ya los primeros acordes evocan un destino irremediable, severo. Pero pronto el carácter se suaviza y se produce un cambio de modo, esta vez a Re Mayor (un tono más “alegre”), dando lugar a uno más en la línea de Las Bodas de Fígaro. De pronto se olvida ese “presagio” en Re menor, esa terrible pesadilla. y con un final (que en realidad es un puente modulador más que interesante, pero que lamentablemente no da lugar comentar aquí) la obertura queda abierta (cosa muy irregular en su época) para introducirnos directamente en la acción dramática: una de las escenas más perfectas de la Historia del las Artes Escénicas, sin duda alguna.
Atendamos sólo a lo que se ve: En una calle sevillana, lo primero es un criado que está “haciéndole de centinela” a su señor, el cual ha visitado en plena noche el aposento de una dama, del mismo modo que una enorme tradición de cortesanos literarios visitaron antes a deshoras los aposentos de sus amadas mientras sus siervos les guardan la retirada. Leporello se queja de su estado y del trato de su amo Don Giovanni, todo presenta una visión que encaja perfectamente en el esquema de
Commedia y encaja nuestro horizonte de expectativas siguiendo la corriente buffa napolitana. Sin cerrarse el número, comienza la acción.
Salen Don Giovanni y Donna Anna, forcejeando. Lo que se suponía como la típica “visita amorosa cortés” se ha convertido en algo muy distinto. El aria se convierte precipitadamente en un terceto lleno de contrastes, donde cada personaje se ve impulsado por sentimientos muy diferentes. La idea de comedia se tambalea cuando surge a escena, rápidamente, otro personaje más, el Comendador. Tras varias bravatas entre éste y Don Giovanni, comienza un duelo en el que el anciano resulta mortalmente herido.
(Quien quiera rememorarlo,
aquí tiene a Siepi, a Edelmann y a Arié para ayudarle.)
Y aquí nos encontramos, en el momento en que la expectativa de Commedia se derrumba por completo. Reflexionemos brevemente con que, aunque para nosotros una matanza a metralleta es algo más o menos normal en una película y no especialmente impactante, para el gusto de la época, una muerte en escena (cosa inusitada) era una bomba dramática, más si esa muerte está recreada con la profundidad con la que está descrita. Los personajes parecen tomar conciencia de lo que ha sucedido y se sorprenden. Cesa la agitada tensión que predominaba en el fragor del combate. El Tiempo se detiene…
El momento musical que nos ocupa es éste mismo, el momento de la muerte del Comendador, que no deja de ser una verdadera marea de emociones: El viejo, impotente y moribundo; Leporello, completamente horrorizado y asustado por la tremenda escena que acaba de presenciar. La actitud de Don Giovanni ha sido especialmente rica en interpretaciones: desde la sádica, en la que se regocija de la muerte de su rival, la soberbia o una actitud sorprendida de hasta dónde le ha conducido su apetito desmedido.
Una vez el comendador ha muerto, de Fa menor se modula a Do Mayor, los personajes se recuperan y volvemos a la comedia.