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"Vamos reinvindicar modestamente uno de los títulos malditos de la ópera del S. XIX. La Gioconda siempre ha arrastrado el sambenito de vulgaridad, de encarnar los peores aspectos del melodrama, (para colmo anticipando los del género verista, el más escarnecido por los detractores de la ópera italiana) de superficialidad en sus ideas musicales y de ser un mosaico de esquemas repetitivos y ya caducos.
El reparto exige reunir cinco cantantes de primera línea, lo que en los últimos años ha militado en contra de la programación de La Gioconda. No obstante, cumpliendo este requisito las fortalezas de esta ópera se ponen de manifiesto: una escritura lucidísima, representativa del mejor melodismo italiano, llena de efusiones líricas y arrebatos dramáticos. Si bien tanto los personajes nobles como los plebeyos se expresan en muchos momentos de forma parecida, puestos en pie de igualdad por las pasiones que los arrastran - lo que sin duda es un anticipo de la supresión de los tipos vocales áulicos llevada a cabo por el verismo - se puede distinguir en Enzo, Alvise y Laura una mayor adhesión al estilo del Verdi maduro. Mientras, Barnaba canta una canción de pescadores y Gioconda destila sexualidad en sus descensos al grave. La misma riqueza se encuentra en la brillante orquesta de Ponchielli y en sus coros, desde las danzas populares del primer acto al impresionante concertato "Già ti veggo". Incluso el ballet de "La Danza de las Horas" es una música mucho más fresca de lo que la rutina nos ha hecho creer.
Pasamos al reparto de la grabación elegida, que cumple sin fisuras reseñables los requerimientos de la partitura.
Leyla Gencer, voz de soprano lírica de coloratura y por tanto ligera para el papel, saca adelante la imposible empresa mediante un fraseo vehemente y técnica segura. Es cierto que existen desigualdades en el timbre y que los ataques al agudo mediante golpe de glotis pueden resultar repetitivos y forzados. Pero la dicción cincelada y el temperamento eran de soprano dramática, supera las agilidades con seguridad, el rango dinámico es amplio, no hay sonidos exagerados en el grave ni exabruptos veristas. Podemos destacar el conmovedor lamento de final de Acto I y el orgulloso "Suicidio" como principales valores de un retrato femenino completo.
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