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Lo he puesto en el topic "Mudanza" pero lo vuelvo a colgar aquí más que nada por los dos últimos párrafos que me interesan mucho que los tengais presentes.
Disculpas por duplicarlo.
Y una vez más vengo a convencerme de algo que ya sé hace muchos años, y que por mucho empeño que ponga en superarlo, hay algo que me lo impide. No se podrá decir que almenos no he hecho el esfuerzo de intentar que Rossini me agrade. A lo mejor soy el único bicho raro al que no le gusta el estilo musical del de Pésaro, pero francamente, y lo digo con la cabeza bien alta, aún corriendo el riesgo que se me tiren encima los rossinianos de corazón., la música de Rossini no consigue en absoluto emocionarme, al contrario. Antes de nada mís disculpas para ellos, quizás entre todos aquellos que aman esta música, consigan algún día hacerme ver la luz, como yo en su momento hice con una compañera: le abrí los oidos a Wagner.
Pero bueno, como lo que me ocupa es hablar de la función de ayer, allá voy.
La Cenerentola era la tercera de las óperas que los AAOS presentaban esta temporada (en orden el cuarto, teniendo en cuenta que en noviembre se ofreció la zarzuela de Martínez Valls “Cançó d´amor i de guerra”). Esta Cenicienta vino a cerrar una temporada, exceptuando “La bohème”, de alto nivel musical y canoro (aunque la elección de los títulos quizás no hayan sido, para mí gusto, los ideales, y me da la sensación de que mezclados entre sí, dan como resultado un cóctel un poco raro: del más puro verismo de La bohème a la tenebrosidad del romanticismo en Macbeth, para concluir con la risa fácil de la ópera bufa…) Poco equilibrio hemos tenido esta temporada y esto a veces desconcerta un poco, teniendo en cuenta la duración de la temporada y el número de funciones que se ofrecen.
Ayer por la tarde La Farándula no estaba toda llena, había algunas butacas vacías (quizás de aquellos sabadellenses y algunos que nos visitan de las ciudades circundantes que, como yo, no han “entrado” aún en el estilo de Rossini).
Con un cuarto de hora de retraso, el maestro Daniel Martínez, batuta en mano, daba la entrada a la orquesta para hacer sonar los primeros compases de la obertura.
De entrada decir que “La Cenerentola” no es una obra que conozca, solo dos trocitos, así es que poco podré aportar en la parte musical por mero desconocimiento. Lo que sí que pude fijarme, por las indicaciones que hacía el director, es que la sección del metal tocaba demasiado “forte” y cada vez tenía que hacerles controlar el sonido. Al principio del primer acto, esta fue la tendencia de la orquesta, puesto que hubo algún momento en que la voz de los intérpretes quedaba ahogada. En el resto de la función, para mí estuvieron muy bien, y marcaron muy bien los “crescendos” orquestales tan típicos en las óperas de Rossini.
Escénicamente, Pau Monterde, sacó mucho partido en un teatro del que en infinitas ocasiones he comentado sus deficiencias.
Cómo no podía ser de otro modo, se apuntó al carro de las modernizaciones, y adaptó la época y el vestuario, caracterizando, esto sí, en la parte escénica, muy bien a los personajes, en particular a las dos hermanas Clorinda y Tisbe, haciéndolas contrastar muy bien con el dulce carácter de Cenerentola.
Los diferentes espacios y cambios de decorados fueron bien resueltos. La primera escena quedaba partida entre los fogones de Cenerentola y el baño de las dos hermanastras. En medio y delante mismo de la puerta de entrada una mesa redonda y sillas alrededor.
Para las escenas en palacio se optó por tirar una cortina de color azul eléctrico en la que estaba enganchada el hipotético escudo real del príncipe Ramiro, mientras que para la escena final del primer acto a la hora de la cena, dos mesas unidas y decoradas con flores sirvieron de marco para el difícil septeto que cierra el acto. Todos los cantantes bien conjuntados en movimiento, se iban intercalando uno al lado del otro en la parte trasera de la mesa, desplazándose a conveniencia a medida que iban diciendo los textos y entremezclándose entre sí, pero siempre quedaban juntas las dos hermanas, siempre una al lado del la otra.
En la escena que el príncipe decide ir a buscar a Cenerentola, como se había modernizado la época, el coche de caballos fue sustituido por un coche de principio de siglo. Bien resuelta la escena de la tormenta, en la que Pau Monterde hizo subir los decorados dejando entrever solo una parte del escenario con un coche en miniatura (copia del grande que habíamos visto al inicio del acto) que recorrió de punta a punta el escenario, mientras los focos internos relampagueaban simulando los rayos de la tormenta que hacen volcar el carruaje, (aquí coche) del príncipe, para ir a parar en el comedor de Cenerentola, atravesando una pared y quedando empotrado allí ante la sorpresa de Don Magnifico.
Final feliz, Ramiro y Cenerentola vivieron felices, comieron perdices y el viaje de luna de miel lo hiceron en globo. Me gustó el final.
En cuanto a los cantantes, el reparto del domingo fue el siguiente:
NATALIA GAVRILAN, en el papel de Cenerentola. Esta mezzosoprano moldava que tanto nos gustó el año pasado en la Adalgisa de la “Norma”, no decepcionó al público sabadellense. Una voz con un timbre bonito, me encantó en su “Una volta c´era un re”. Muy bien en las coloraturas y en los contrastes cuando pasaba del agudo al grave. De esta manera, como “estirando la tesitura” desde lo más alto hasta lo más bajo, daba la sensación de poseer unos graves poderosos, en cambio en las escenas conjuntas con otros cantantes, sus graves quedaron un poco sordos. Una lástima porque estuvo bien vocal, escénicamente y en “imagen” del personaje.
Además esto último, la caracterización del personaje estuvo encajadísima en todos los personajes, eran como salidos del cuento. Daban todos muy bien la imagen.
Impoluto el príncipe Ramiro de HANS EVER. Una voz bien timbrada, con clara dicción y sin ningún problema en el sobreagudo. Quizás a nivel artístico un poquito más justo, pero estuvo bien.
Mención muy especial para ELISA VÉLEZ, una ya habitual de la casa, en su papel de Clorinda. Muy bien artísticamente y vocalmente también. Retrató a la perfección su personaje.
SUSANA SANTIAGO en cambio, estando bien en su personaje a nivel artístico, a nivel vocal su voz para mí oído no es atractiva, pero resolvió su cometido.
Sorprendente el Dandini de LLUIS MARTÍNEZ, jovencísmo barítono valenciano que a pesar de tener algún probremilla con las coloraturas, la voz es de barítono para repertorio lírico en el que puede encontrar muchas partes muy lucidas. Es un barítono además con planta de tenor.
Don Magnifico fue personificado por TONI MARSOL, y al igual que sus compañeros, estuvo estupendo a nivel de caracterización y movimiento escénico. A pesar de que el Don Magnifico es un papel para “basso buffo” que domine el “silabato”, Toni Marsol se hizo suyo el personaje y lo adaptó a sus posibilidades vocales y el resultado fue excelente.
Finalmente, el ya habitual también de Sabadell, JOSEP PIERES en el papel de Aliodoro, más discretos que los demás, pero cumplió.
A destacar que en esta ocasión pudimos escuchar una escena coral del principio del segundo acto y dos de las arias que siempre se cortan a Don Magnifico y a Clorinda.
El coro masculino (las féminas tuvieron descanso) estuvo basntante bien conjuntado y lo supieron mover bien escénicamente.
En resumen, fue una excelente representación de un alto nivel vocal, pero de la que no disfruté a nivel musical.
Dos apuntes más, para la temporada que viene los títulos que se ofrecerán serán por este orden: “Un ballo in maschera”, “La rosa del azafrán”, “La traviata” y “Suor Angelica + Gianni Schichi”.
Y otra noticia, para todos aquellos a los que os interese, el dia 22 de junio a las 9 de la noche en el recién inaugurado Teatre Principal, el tenor Josep Bros ofrecerá un concierto a beneficio de l´Escola d´Òpera de Sabadell, de manera totalmente desinteresada, y que coincidirá con el debut, ahora hará quince años, del tenor barcelonés en nuestra ciudad.
brunilda
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