En mi caso, la jerarquía comienza con los solistas. Me puede apetecer un montón ver, por ejemplo, un
Tristan, pero si viene a cantarlo Pepito el de los palotes, me abstengo. Esto es aplicable, claro está, a las funciones en plazas de toros y similares: habrá leches por ver la
Aida del Liceu el año que viene, pero no creo que sea el mismo público (es decir, no el del aficionado más recalcitrante

) que asista a una representación del mismo título en Las Ventas o la Plaza del Conde Duque.
Después de los solistas, me fijo en la obra, claro... Unas me apetecen más, otras menos... aunque todavía estoy en la fase de ver de todo (de ahí que lo del abono a mí me venga de perlas, delaforce

), así que, aunque un título no me atraiga demasiado a priori, suelo "apechar" para ver qué pasa. Unas veces sale bien (
De la casa de los muertos), otras menos bien (
La pietra del parangone).
Los demás elementos no me influyen a la hora de decidir... No iría a ver una ópera porque la puesta en escena fuera de Bieito, pero tampoco dejaría de hacerlo porque la hubiera montado él. Por lo demás, paradójicamente, lo cierto es que disfruto mucho con el aspecto más "teatral" de los montajes

.