Caminante escribió:
Ejercicio de síntesis (amplio, aviso)
...Sin solución de continuidad y en una fusión de clases sociales se pasa a la escena de entrada de D. Carlos y de ahí hasta el fin de este primer acto que ayer fue, sin duda, el peor de la función, descohesionado de tal forma que ni el buen hacer de la Pieczonka pudo arreglar.
Estoy de acuerdo en que ese no fue el mejor acto. Hay algunos detalles poco logrados, como Elisabeth y Don Carlos echando palitos al brasero, que, me parece una imagen más bien ridícula. Y eso, que creo que ese momento ha sido mejorado con respecto al día del ensayo ya que, si no me falla la memoria, ese día se apoyaron al brasero (cosa absolutamente inverosímil) mientras esta vez sólo acercaban las manos, como es natural. Sin embargo, me parece que sí lo siguen haciendo los niños al principio de todo.
Tampoco creo que esté muy bien resuelto el cambio de vestido de Elisabeth que, aunque sea adecuado al desarrollo de la trama, queda poco coherente ya que cuesta de imaginar a una reina cambiándose en medio del bosque, ante todo el mundo y en pleno invierno.
Y, por último, como detalle anecdótico, creo que las estrellas empiezan a lucir bastante antes de que Don Carlos anuncie que oscurece (aunque puede ser que los técnicos estuvieran despistados).
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Empezó el cuadro primero del segundo acto con buenos augurios que se medio confirmaron con Dumitrescu a quien la voz le jugó un par de malas pasadas. Peores fueron los augurios cuando entró Posa fatalmente trabajado en lo teatral (más culpa del director escénico que de Alvarez), pareciéndose más a un bufón que a un noble de ideas claras. El dúo Carlos-Posa me dejó indiferente y eso es malo porque me encanta.
Plenamente de acuerdo en que Posa parece más que nada un bufón (aunque quizás es así como lo quiere P.K.).
Con Posa en plan bufón, es evidente que el dúo con Don Carlos no está muy bien resuelto, al igual que los demás dúos de estos dos personajes.
También aquí diría que se ha modificado algo con respecto al día del ensayo ya que me parece recordar que la escena de ellos dos caminando ridículamente a cuatro patas fue algo más larga mientras ahora tan sólo hacen uno o dos pasos. Pero siguen sin gustarme esos dos pasoa a cuatro patas, ni esos brazos alzados con el puño cerrado en plan mazinger y la ausencia de pasión entre los dos.
Curiosamente, de esta escena, nadie habla del arbolito que nos plantan y que permanece en el escenario durante toda la obra. Visto que lo han puesto, ¿algún significado tendrá no?
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Empieza el acto tercero (….) lo que debería ser el ballet que se convierte en el sueño de Eboli donde se convierte, mágico mundo el de los sueños, en esposa de Carlos y nuera bien avenida de Elisabetta y Felipe. Insisto en que la idea es genial y no insisto en el desarrollo de la misma porque me parece un desperdicio que una brillante idea, que nos hubiera llevado al desenlace del cuadro (que es vital para el desencadenamiento de la acción) de una forma maravillosa, donde uno hubiera podido empaparse de los sentimientos de Eboli y entender su despecho y posterior traición a la reina. Se perdió;lástima.
En primer lugar, decir que estoy de acuerdo en que la idea no era mala, pero, para mí, su realización es malísima.
A mí, la verdad, no me parece muy gracioso sacar un pollo quemado (quizás me hacia gracia cuando era pequeño y lo veía en los dibujos animados), hacer que Don Carlos llame al telepizza, agitar una botella de champán para que los protagonistas se rocíen los unos a los otros o aplastar a Don Carlos contra la pared al abrir la puerta, aunque reconozco que el sentido de humor de cada persona es diferente y que, por lo tanto, es posible que haya personas a quien les haga gracia todo esto.
Si, como se supone, de lo que se trataba era de no poner el ballet (porque ponerlo era poco moderno), la pantomima hubiese podido ser más acorde con la historia y con el personaje de Éboli. A mí me cuesta imaginar que Éboli pueda tener ese sueño, es decir, que se sueñe a sí misma asando pollos como una simple ama de casa. Alguien me dijo que el sueño estaba bien así porque si Éboli hubiese sido una mujer del siglo pasado, hubiese sido un ama de casa. Yo, la verdad, dudo que la versión actual de la princesa de Eboli fuese un ama de casa y no acabo de entender esta transposición.
Otra cosa hubiera sido sí, por poner un ejemplo, Éboli hubiese soñado que estaba con Don Carlos en Flandes, ayudando a los flamencos, y, tras pacificar el país, hubiesen recibido la visita de Felipe y Elisabeth, que les felicitaban por su labor y les nombraban reyes. Pienso que se hubiese transmitido la misma idea sin escandalizar a nadie.
En cualquier caso, seguro que esa idea – o cualquier otra- también la hubiese podido plasmar un buen coreógrafo con un ballet. En este sentido, visto que nadie o casi nadie reclama el ballet, me pregunto si es posible que se haya olvidado tan rápidamente lo bonito que fue el ballet de Corella en La Gioconda que, obviamente, el público aplaudió a rabiar.
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El cuarto acto empieza de una forma simple elocuente (…) Sigue una más que correcta escena con el Gran Inquisidor (me sobró la Eboli pululando por ahí) y la escena con Elisabetta (…) No menos excelente fue la escena entre dos mujeres que ayer lo bordaron quedando deslucido por el absurdo automutilamiento de Eboli (que original, se sacó el ojo).
Sigo de acuerdo contigo. Éboli pululando por allí no tenía mucho sentido. Sobre todo, porque el Inquisidor será ciego, pero no tonto, y me parece imposible que Éboli esté casi a sus pies y no se dé cuente de su presencia. Si, como parece, acaba dándose cuenta de que hay alguien, hubiese sido mejor que esto sucediera de buenas a primeras.
También me parece absurda la mutilación de Éboli (creo que era tuerta pero lo era desde pequeña) aunque queda muy teatral.
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El cuadro segundo del cuarto acto queda reducido al mejor Alvarez …..
Me sorprende que no digas nadas de la escena, que, a mí, me pareció también de lo peor.
Rodigue diciendo a Don Carlos que morirá por él, que no se verán más, que se reunirán en el cielo y aquel paseándose por el fondo de la habitación, casi sin prestarle atención.
Y, luego, la muerte de Rodrigue, que peor no podía ser, como ya ha dicho alguien: Don Carlos acurrucado como un niño en el suelo y Rodrigue arrastrándose hasta él y muriéndosele encima. Me pareció una escena fría, sin pasión. ¿Cómo es posible que alguien se muera y no reciba ni un abrazo, ni una mirada de ternura ni un gesto de consolación?
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….La gente, era curioso observarlo, se inmutó poco o nada y simplemente se asomaba por la puerta de acceso que le era más cercana pero en actitud serena, molestando poco o nada y así se desarrolla una escena con bastante fuerza en lo teatral pero que en lo orquestal....¡fue de otra galaxia!....
… Errores: quizás, digo quizás, hubiera sido mejor empezar el acto al modo tradicional (o sea, aviso por timbre, gente sentada, etcc..) no lo sé ,pero me da que comportándose el público como el otro día no hay problema alguno para que se escenifique de tal guisa. No obstante, es una cuestión a ponderar. Avisar hasta la saciedad de lo que va a pasar podría ser una solución intermedia.
Que la gente molestara poco o nada, es subjetivo. Hay a quienes les molesta alguien que respira fuerte y hay otros que ni se enteran. Por donde yo estaba, la gente iba entrando tarde, se ponía en las entradas y tapaba a los que estaban sentados que, por lo tanto, protestaban; después, muchos aprovecharon para sacar fotos, con flash obviamente; otros comentaban la escena. En cualquier caso, creo que no eran las mejores condiciones para disfrutar de la música, aunque sonara como nunca.
Y, como tú, pienso que hubiese bastado muy poco para mejorar la escena y provocar menos rechazo.
Hubiese sido suficiente que la Lloll, a un cierto punto, hubiese subido al escenario, se hubiese hecho entrar a todo el público y, una vez sentado, hubiese continuado el show con una gran pantalla que mostrase la entrada del rey y de su séquito con las luces a medio encender. Es más, hubiese parecido realmente que todos estábamos en un show televisivo realizado desde un teatro. Se acababa el caos, nadie podía quejarse de que la música y los cantantes no se oían y, obviamente, creo que no se hubiese traicionado la idea del director.
En cualquier caso, que quede claro que la idea de P.K. no es tan novedosa ni original: hacer entrar al rey por la puerta principal ya lo hizo Ronconi hace veinte años en el Viaggio a Reims con mucha más gracia; poner fotos en blanco y negro con eventos trágicos recientes (incluido el Liceu quemado, que ya me dirá alguien qué hace en esa serie de fotos) para actualizar una ópera ya está más visto que el TBO; y, sin atreverme a poner la mano en el fuego, yo diría que lo de los paparazzi también ya se ha visto en alguna puesta en escena. O sea que de original nada. Y, repito, podía haberse hecho mejor sin provocar tantas iras y respetando la idea del director.
En fin, pienso que esta puesta en escena ha servido para darnos cuentas de dos cosas:
1) A veces el problema, como algunos ya han dicho, no es que los directores no entiendan de qué va la obra, lo entiendan de maravillas pero una ópera no es una obra de teatro sino que incluye una música que sugiere algo y que tiene sus exigencias.
A mí, la verdad, la música de Mozart no me sugiere vómitos y gente meándose en el sofá (Bieto) ni la música de Wagner me sugiere niños lanzándose cohetes de papel en una escuela (Konwitschny).
Y, en el Don Carlos, creo que para el Auto de Fe no se han respetado las exigencias del público de querer disfrutar de la música sin distraerse. Y lo repito, si se hubiera tratado de un montaje sólo teatral, todo ese montaje en plan La Cubana seguramente hubiese sido perfecto.
2) Quizás, lo preocupante del Liceu es que la oferta de directores escénicos no es variada sino que es siempre de un cierto tipo y, al final, llega un punto en que una gota colma el vaso y pasa lo que pasa. En este sentido, ¿alguien se imagina una producción de Zefirelli en el Liceu? Creo que mientras esté el Sr. Matabosch, no. Y aunque he de decir que a mí Zefirelli no me entusiasma, creo que, al igual que PK, representa una cierta visión de la ópera que el público tiene derecho a conocer. Y quien dice Zefirelli dice otros directores, como Strehler, Ronconi o Hugo de Ana por citar sólo tres al azar que creo que no han pasado nunca por el Liceu. Y la verdad, a mí me parece imperdonable que un gran director como Strehler (obviamente sus producciones) no haya pasado por el Liceu mientras otros van pasando bastante a menudo. Por no reemprender el tema de los cantantes (o directores musicales) donde también nos tendríamos que preguntar por qué cantantes o directores que llevan años pisando habitualmente importantes teatros del mundo todavía no han puesto los pies en el Liceu, entre ellos, algunos de españoles.
Pero como con eso abriríamos otro tema, quizás mejor no continuar.
Resumiendo, creo que el ballet y el auto de fe era muy mejorables y que en el resto, bien dirigido porque como se ha dicho las cinco horas pasan volando, había detalles imperdonables para un director como P.K. de cuyo talento no tengo porque dudar.
Daniel