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Si a la entrada del teatro dispusieran un organizado método de encuesta llegaríamos al convencimiento de que en pocos “ítems” recogeríamos lo que en términos económicos creo se llama “la desviación lógica”, o sea, que en una banda de volatilidad muy baja encuadraríamos un porcentaje elevadísimo de las aspiraciones de los asistentes. Sin embargo, si la encuesta se hiciera a la salida la “volatilidad” de las respuestas sería mucho mayor; ésta es la grandeza del espectáculo en directo que mediante un código común e igual para todos los asistentes es capaz de transformarse en un mensaje personalizado para todos y cada uno de los asistentes ; ser receptivo es la única condición.
Digo todo lo anterior porque ayer me sentí especial, especialmente especial si se me permite esta falaz redundancia dado que si bien especial me siento casi siempre que voy al teatro , suelo recibir “mi” mensaje, digo especialmente porque ayer lo recibí con mayor nitidez si cabe y cuyo contenido dejo para la parte final de mi valoración.
No es que estuviera en el lugar más idóneo para disfrutar de la producción pero entre lo que ví en directo, lo que percibí a través de la pantallita (artilugio impagable) y lo que intuí , creo poder afirmar sin fisura alguna que se trata de una Manon Lescaut de altísimo nivel por lo que a la producción se refiere. No es de recibo que uno intente matizar lo que está bien porque bien hecho está; ponerle agua a un buen vino tendría tan poco sentido como ponerle pegas a la producción.
Cuesta mucho hablar de los directores de orquesta ,más allá de lo que es perceptible de forma evidente, para un lego musicalmente hablando pero la dirección de Palumbo me pareció de primerísimo nivel y me dio la sensación de que en todo momento exprimió la partitura ,hasta el último de sus matices, y aunque alguien dirá que en algunas ocasiones se tapaban las voces, y no le faltará razón, no tiene porque ser culpa necesariamente de la dirección musical .La música debe disfrutarse sin aditivos y en todo su esplendor.La función de ayer, que duda cabe, tuvo no pocos momentos de gran esplendor orquestal cuya parte tuvo un inmenso protagonismo, aunque fuera a costa de las voces en ocasiones. Pero no le vamos a pedir a Ronaldhino que deje de inventar jugadas imposibles tan sólo porque el resto de jugadores sean incapaces de entenderlas y seguirlas sino que lo que hay que exigir es que éstos, en este caso los cantantes, estén al mismo nivel. Ahora bien, una cosa es la dirección orquestal, muy buena, y otra como sonaban ciertos instrumentos en no pocos momentos. Sigo diciendo que la orquesta de Liceu, que globalmente no sonó mal, tiene déficits que se me antojan relevantes; los primeros compases son un auténtico suplicio para los oídos y durante la función escuchar cuerdas totalmente destempladas es algo habitual (aquí sí cito a los metales y puntualmente la percusión).
Que duda cabe que la parte que suele apasionar más a los aficionados es la parte vocal y a ella voy a referirme aunque antes no quiero dejar pasar la ocasión para criticar el formato de la función con tres entreactos de 30 minutos los dos primeros y 25 el tercero cuando los actos rondarán los 35 minutos aprox, los dos primeros y no llegan a la media hora los dos últimos. Supongo que motivos para programarlo de tal guisa los habrá pero el precio es alto por cuanto perjudica la intensidad y continuidad del drama. El nivel de la función fue “in crescendo” y en el tercer acto alcanzó su cénit para estancarse e incluso descender, aunque no de forma alarmante, en el cuarto.
El elenco vocal estuvo más que correcto, muy homogéneo, con un nivel notable y salvo quizás el Edmondo (entiendo que no estuvo al mismo nivel que sus compañeros) no se pueden poner pegas ,sí matices, a sus respectivas actuaciones que sin embargo para nada empañan el buen tono general.
Mención especial para Kollo, un tenor que a mí nunca me ha atraído especialmente y de quien siempre me ha molestado su vibrato,el cual asumió el simbólico papel de maestro de baile. Una buena oportunidad para aplaudirle por su meritoria y longeva carrera.
Tézier y Chausson son dos excelentes cantantes y un auténtico lujo para papeles tan poco descollantes como el de Lescaut y, sobre todo, el de Geronte. A Tezier nunca le había escuchado en directo y me pareció un cantante con un gusto y una seguridad apabullantes; Chausson es hombre de tablas y aunque vencer orquestas como la de ayer no es su punto fuerte no se puede decir sino que es un lujo contar con él para el papel.
La Dessí lo tiene todo para el papel, voz (aunque algunos dirán que menos) y sobre todo clase para afrontarlo con total garantía. Nos obsequió con una espléndida “in quelle trine morbide” incluso mucho mejor de lo que los intensos aplausos evaluaron y puntuaron y, en cambio, se dejó llevar más por un dramatismo escénico que musical en el “sola, perduta, abbandonata..”. Sinceramente no la ví en la mejor de las formas pero es una soprano que destila clase y los sorbos que nos ofrece son impagables. Alguno dirá que no es la Tebaldi ¡y quién es como la Tebaldi!. Dejémonos de entelequias, seamos sensatos y disfrutemos de lo que cada artista es capaz de ofrecer y la Dessi tiene no poco que ofrecer ; de tontos sería no disfrutarlo.
Dejo para el final a Armiliato; es un tenor que me merece alta, muy alta, consideración porque más allá de las limitaciones o defectos que pueda adolecer, sus actuaciones suelen ser modélicas , con un buen gusto y una calidad bastante por encima de la media. Ayer no fue una excepción pero ayer recibí, este fue el mensaje personalizado a mí dirigido, una lección práctica de lo que significa sacar adelante un rol cuando éste no se adecúa a las características vocales del cantante. Armiliato sufrió lo indecible, de la necesidad hizo virtud y tuvo que sacar de su manga su amplia gama de recursos y algunas tretas. Si su voz a veces era imperceptible no era por falta de volumen, ni culpa absoluta de la potencia orquestal, sino de que su cantoe casi siempre fue incómodo, forzando la voz mucho más allá de lo que suele hacer porque es un cantante “fino”; esto fue en detrimento de la proyección de la misma, de la limpieza en su canto e incluso quedaba algo velado el squillo con que suele coronar las partes agudas, por no hablar de una tendencia a engolar contínua fruto de la misma incomodidad (porque Armiliato normalmente emite límpiamente y sin dificultad su voz). Mi aplauso para su esfuerzo y por el derroche de talento que tuvo que hacer pero si uno no fuera lego en estos temas diría que un exceso de Des Grieux como los de ayer pueden acabar pasando factura en su voz ,cosa que espero no suceda porque sería un lujo demasiado caro, al menos para quien escribe.
La noche de ayer fue excelente por muchos motivos: disfruté de buena compañía, de la ópera, de unos artistas que lo son y pude ver el rostro del sufrimiento de uno de los tenores más solventes que adornan nuestro espectro tenoril actual; y esto para mí ha sido una lección impagable de saber hacer y profesionalidad, otra cosa sería que de estas virtudes hiciera vicio caso de no seguir los “consejos” de su propia voz.
Saludos y Feliz Año Nuevo.
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