luigi escribió:
Y tanto que los estoy calentando! -Voy el 13 Miercoles y ya me estoy relamiendo pues es una de las óperas que mas me gusta, con esa música tan melodiosa y tan francesa
Yo también me muero de ganas... Voy el 16 y el 23 (jeje, no me quería perder ninguno de los repartos

). Cuéntanos tú, que vas primero
luigi escribió:
¿No he podido leer aún ninguna crítica ¿Como la han puesto?
Hay de todo un poco, como en botica... De la puesta en escena se ha dicho que es aburridilla, pero tampoco ha despertado mayores indignaciones. Aquí dejo una crítica firmada por Arturo Reverter (...así que ya sabéis: sumadle por lo menos 5 puntos a todo lo que denueste

)
www.larazon.es/noticias/noti_esp32491.htm
Ni intención ni fantasía
Arturo REVERTER
Temporada del Teatro Real Offenbach: «Les contes de Hoffmann». Marcus Haddock, Wjaterina Gubanova, Giorgio Surian, Pierre Lefebvre, Desirée Rancatore, Inva Mula, Nadja Michael, entre otros. Director de escena: Nicolas Joel. Escenografía: Ezio Frigerio. Figirunes: Franca Squarciapino. Director musical: Ammanuel Villaume. Teatro Real, Madrid. 4-XII-2006. Obra irregular, larga, cuajada de elipsis, apasionada, intensa y, en algunos instantes, genial, «Los cuentos de Hoffmann» no es precisamente fácil. Su autor no la llegó a terminar y siempre ha habido dudas en cuanto a la versión definitiva. La habitual, editada por Choudains en 1907, ha sido ya superada posteriormente. La que ofrece el Real es más amplia y queda dividida no en un prólogo, tres actos y un epílogo, sino, simple y llanamente, en cinco actos, de duración variable. Chispa, variedad, colorido, fantasía para acentuar y planificar tímbrica y dinámicamente es lo que se requiere en lo musical para dar una imagen vigorosa, vívida y plástica de la partitura. Estas exigencias no han podido cumplirse en esta ocasión, fundamentalmente porque la dirección de Ammanuel Villaume no ha ido mucho más allá de lo funcional, de lo bien dispuesto pero sin contrastes. La orquesta ha sonado gris, plana y la narración ha resultado más bien anodina, pese a que algunos conjuntos –no justamente el de la célebre «barcarola»– han resultado encajados y en su sitio. Y el coro, entusiasta, no ha estado en todo instante ajustado. Si el foso no tiene aliento poético ni refinamiento, muy buenos han de ser los cantantes. No ha sido el caso. Aunque ha habido sus distingos. Por encima de todos ha brillado Inva Mula, una lírica que sabe regular y apianar, que trina como los ángeles y que ha otorgado a Antonia un calor y una emoción magníficos. Muy bueno el caricato Lefebvre, que cantó con mucha gracia y apreciable voz de ligero los «couplets» del criado Frantz. Digna la Olimpia de Rancatore, feliz en los sobreagudos, no del todo impecable en las agilidades. El protagonista, Haddock, quedó deslucido por un canto más bien impávido y por una emisión engolada, con la voz en el cuello. Nasal y lejos de dar ese tinte diabólico a sus cuatro personajes malignos, Surian, con exceso de vibrato Michaels en Giuletta y con redondo y bello centro el Nicklausse de Gubanova, perjudicada por unos graves inaudibles. Joel monta todo en torno a una gran rueda central –de la fortuna o del destino–, con una parte a modo de vitral, que gira en los momentos dramáticos más acusados, generalmente los de final de acto. Elementos propios de una estación antigua o de una fábrica de fábula están siempre presentes otorgando una aire un tanto siniestro a la escena. El mismo telón de fondo, de corte modernista, ante el que se despierta y se acuesta al final un borracho Hoffmann, que ha debido de soñar toda la ópera, está plagado de ruedas. Pero esto mismo, el nulo movimiento, la parsimonia del conjunto, los subrayados frígidos de la batuta dan al todo un aire exangüe, un estatismo poco atractivo. Aunque lo que se ve agrade al ojo y lo que se oye no perturbe gravemente