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En vísperas del estreno, Endrik Wottrich, el tenor protagonista en el papel de Parsifal, hizo unas inusitadas declaraciones radiofónicas en Radio Baviera, en las que se distanciaba de la producción, atacaba al director escénico, manifestaba su gran frustración por no haber denegado su participación y anunciaba que no cantaría el papel el año próximo.
En la conferencia de prensa del lunes pasado Schlingensief admitió la existencia de roces, si bien después de la representación ambos habían conversado a solas y hecho las paces. Señaló, no obstante, que Wottrich era partidario de una «Alemania que tenía que mantenerse pura y que (éste) de repente no podía seguir actuando porque en la pantalla se veía a un negro. Esto es falso y hemos hablado de ello, pero él tiene un concepto de la pureza de Alemania que yo no puedo compartir». En esa reunión con la prensa internacional Wolfgang Wagner, director del Festival, que valoró como «experimento exitoso» la representación y emplazó a su director escénico a confirmar que le había garantizado la libertad artística, defendió indirectamente al cantante remitiéndose a la libertad de expresión, pues «la libertad artística implica también una lengua libre».
«No intervendré en esa porquería»
Horas después el cantante reaccionó -en declaraciones al diario local «Kurier»- acusando a Schlingensief de «racista y nazi». Wottrich acepta haber utilizado la palabra «negro», vocablo que para él no tendría sentido peyorativo, recalca que nunca utilizó el concepto de «pureza» y que no consentirá que un «pelele» como Schlingensief le prescriba el vocabulario: «Se está intentando marginarme mediante la acusación de racismo. Pero, ¿quién es aquí propiamente el nazi absoluto? ¡Es Herr Schlingensief!». En 2005, dijo, no intervendrá en esa «porquería, una producción deplorable, intelectual y emocionalmente una basura absoluta». Para él, Schlingensief es un desconocedor del texto y de la partitura. Y remachó con un tétrico balance final del montaje: «No es un punto álgido del teatro de director alemán, peor aún: es una imbecilidad, una mierda multimediática infantil».
En el transcurso de la reunión del martes con la Sociedad de Amigos de Bayreuth se produjo un encontronazo por un asunto nimio, relativo al equipo videográfico disponible, entre Wolfgang Wagner y Schlingensief. Éste recibió una prolongada salva de aplausos y numerosas muestras personales de simpatía. «Estoy de acuerdo con usted -le dijo una dama distinguida- pero, por favor, procure que a nuestro querido Wolfgang no le dé un infarto». Pocos quisieran estar ahora en su piel, máxime considerando que el cantante es pareja de su hija Katharina, asistenta de dirección de Schlingensief. En declaraciones a ABC, manifestó éste que Wottrich «ve en mí un racista y es él mismo quien lo es». Añadió que había puesto el asunto en manos de su abogado, «porque yo no me dejo insultar precisamente como nazi y racista. El Sr. Wottrich es uno de esos tipos malvados que se consideran representantes de Alemania, la cual debe mantenerse pura, sin mácula. Repetía continuamente que este montaje ensuciaba a Alemania. Él propugna una posición conservadora-reaccionaria que no comparto en absoluto. Propone una Alemania en una forma que a mí me parece peligrosa, porque pone en peligro a otra gente. Alemania es para mí un país tan importante como cualquier otro». Precisó: «A África, lo confieso gustosamente, le tengo más cariño que a Alemania. Y lo que Wottrich dice de África es fascistoide. Para mí, este señor está acabado. Estamos estudiando el tema con mi abogado y exigiré que este señor abandone el montaje. Confrontaré a la familia Wagner y, si lo consiente, entonces tendrá un gran problema. Bayreuth habrá mostrado de nuevo su problema con el racismo, con el fascismo. No me callaré, este hombre es quien pone en peligro a Bayreuth... Si la familia Wagner aprueba lo que él dice, entonces van listos. Pueden hacer las maletas e irse a casa».
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