Creo que la triunfadora de la noche fue la propia ópera. Estaba sentado inmerso en un grupo de aficionados sevillanos. Antes de la función tenían muchos reparos sobre la programación de este título. Alguno la había escuchado y advertía que le parecía bonita, pero en general todos se quejaban de que en Sevilla faltan muchas óperas por programar del repertorio más imprescindible como para programar una ópera de un tal Schreker. Ya en los intermedios los comentarios fueron cambiando y al final bravos y muchos comentarios sobre las virtudes de la ópera.
Realmente lo que habría que preguntarse es como las óperas de Schreker siendo unas auténticas maravillas no forman parte del repertorio tradicional. La respuesta es la misma que nos dábamos cuando nos hacíamos esta misma pregunta al respecto de la ciudad muerta de Korngold. Schreker fue un músico judío que fue perseguido por el nazismo y que sufrió un ataque al corazón por esta causa en 1934, siendo su música prohibida por el régimen, tachando al compositor de haber plasmado en sus obras todas las patologías sexuales posibles. Posteriormente después de la guerra corrían otros vientos artísticos y no fue fácil su recuperación.
Sin embargo no hay que olvidar que en los años 20, Schreker era el compositor operístico más admirado en Alemania y sus títulos disfrutaban en ese período de mayor éxito y fama que los del propio Strauss.
El estilo de Schreker es realmente fascinante y creo que puede encajar y gustar a los más transgresores igualmente que a los más clásicos o italianistas. Esto es debido a que sus composiciones son originales y vanguardistas en el sentido cromático, en la generación de clímax, en la opulencia de su orquestación, en la audacia de sus armonías y al mismo tiempo se mantiene en las formas tonales que encierran además sorprendentes y bellas melodías.
El sonido lejano para mi gusto es una obra maestra que Sevilla ha hecho muy bien en estrenar en España, aunque por ahora sigo prefiriendo los estigmatizados como obra cumbre de este autor que me tiene absorbido en los últimos meses. Recomiendo como Delaforce el visionado con calma de las representaciones de Salzburgo. Estoy convencido de que no defraudarán. He leído hace poco el comentario que hice sobre el dvd después de visionarlo por primera vez, aunque ya es bastante entusiasta, en ese momento no me había percatado ni del 5 % de las virtudes de esa ópera. La próxima vez me ahorraré comentarios de óperas que sólo haya escuchado una vez.
Además la representación de Sevilla tuvo un alto nivel. Lo mejor para mi gusto, la producción escénica de Peter Mussbach, que ya había tenido un gran éxito en Alemania en el 2001. La escenografía consistía en un marco sugerente y estilizado a base de velos superpuestos, que en función de la iluminación iban dejando entrever diversos objetos y paisajes que envolvían a los personajes en un mágico mundo onírico. Porque aunque la desafortunada historia de Grete es real, en esta producción el drama se nos presenta como una tortuosa pesadilla de la protagonista, en un mundo gris, con perversos personajes grises (Quizás el gris es el color imaginario de la ópera) y donde toda la rica simbología de la obra se nos presenta sin descanso para disfrute de nuestros sentidos.
La dirección escénica también lució, apoyada en la extraordinaria interpretación de Astrid Weber que se dejó más que la piel en el escenario, además de lucir un físico apropiado para este rol. Todo el sufrimiento de Grete al comprender y entender el abandono de su amor en la romántica busca de ese sonido ideal, junto a los actos de sus perversos padres que la conducen al mundo de la prostitución, provocando en un principio una falsa felicidad, para caer irremediablemente en las más oscura y profunda de las cloacas, cuando al final Fritz se da cuenta de que ese sonido era la propia Grete, justo antes de morir, moraleja que nos sirve a todos en la vida cuando nos preocupamos y nos empeñamos en cuestiones que se alejan de los puntos principales que nos proporcionan la verdadera felicidad, a mi entender el bienestar de los seres queridos, la salud y la ópera.
En cuestiones musicales creo que en general faltó sonoridad a las voces. ¿Alguien sabe en qué medida puede afectar el velado de la producción para la proyección de la voz?
Astrid Weber cantó maravillosamente toda su parte que es muy extensa y muy exigente en la cuestión escénica. Con esa falta de sonoridad generalizada y en este caso especialmente con un problema en el apoyo y colocación de sus graves que en muchos casos fueron poco audibles. En el resto del registro se le escuchaba nítidamente aunque se echó en falta por momentos llenar de voz el teatro. No pegó el grito final con la muerte de Fritz, no sé muy bien por qué.
Robert Künzli estuvo también muy solvente aunque también le faltaba mayor robustez vocal para encarnar a Fritz. Las partitura para los tenores de Schreker y de otros compositores de esa época en Alemania, son apropiadas para voces de Heldentenor que se sepan plegar a requerimientos líricos. Algo realmente difícil e impensable hoy en día. Por eso se acude a un término medio, un lírico ancho, que es lo que se puede encontrar hoy y que inevitablemente pasará dificultades cuando después de un fraseo vigoroso, con fuerte orquestación, tenga que subir a la región del Sib3. Künzli tuvo algunos problemas de destemple y afinación cuando estuvo algo forzado, (no más de dos, creo) además de no estar sobrado de volumen, pero la verdad es que hizo un conmovedor Frizt y su interpretación hay que calificarla como más que digna, por su matizada y cuidada línea de canto.
Al que más le faltaba volumen a mi entender es al barítono Claudio Otelli, que sin embargo cantó con mucha hondura, aunque en este caso sí que se perdía por momentos su voz.
Los demás personajes con menores intervenciones, estuvieron correctos en lo vocal y muy adecuados en lo escénico. El coro donde se encontraba nuestra amiga y entrañable Rocío me gustó mucho. Aunque no interviene demasiado creo que no es una obra fácil para coro, que tiene que contenerse en un canto melancólico y estuvo muy conseguido. Felicidades Rocío.
Pedro Halffter y la orquesta fue bastante aplaudida, la obra es de mucho lucimiento para la orquesta. Disfruté de lo lindo con ella, pero creo que se puede hacer mucho mejor. En la grabación que tengo hay partes que suenan más limpias, aquí a veces, el sonido parecía emborronarse un poco, y desde luego en las dinámicas hacia los fortísimos se quedaron muy cortos, especialmente en el preludio, teniendo en cuenta que a la orquesta no le perjudicaba el velo de la producción.
En definitiva una representación muy interesante por la asistencia a mi primer Schreker en directo y la comprobación de que su música gana muchos enteros en el teatro, sobretodo con producciones como la vista en Sevilla. Además el placer de conocer en persona a nuestro querido Delaforce y su encantadora family, y ver la gran actuación de Rocío, aunque realmente no llegué a saber quien era exactamente.
Saludos