Sobre "El arte francés de la guerra", hace mes y medio
mitchum escribió:
Ya contará qué tal ese libro.
Gracias por la paciencia.
En la parte trasera del libro hay un resumen, no el único pero sí uno de los posibles: "¿No notó usted que hubo una guerra que duró veinte años? Una guerra sin final, mal epezada y mal acabada, una guerra tartamuda, que quizá dure todavía."
Hoy en día, Francia no nos parece un Estado militarista. Al menos, no tanto como Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, etc. El protagonista empieza el libro sorprendiéndose de la participación del ejército francés en la Guerra del Golfo de 1991, cuando al mismo tiempo nos dice que la sociedad francesa no sabe muy bien para qué sirve su ejército ni qué hacer con él.
Pero hete aquí que conoce a un excombatiente llamado Victorien Salagnon, que resulta ser el verdadero protagonista de la historia. Este hombre, anciano ya, le cuenta su participación en tres guerras: la II Guerra Mundial, la de Indochina y la de Argelia. Esos son los 20 años que el país estuvo en guerra "sin darse cuenta". Paralelamente, el viejo enseña al joven a pintar con tinta, arte que el excombatiente ha practicado durante toda su vida.
Durante la mayor parte del libro, los encuentros actuales entre ellos dos y algunas peripecias vitales que le suceden al joven se van entremezclando con la descripción de las tres guerras. El estilo es ameno y convencional en la rememoración del pasado. Pero cuando nos situamos en el presente, es por momentos redundante y pesado. Le pongo un ejemplo, resumido: "Me dolía la cabeza. Pensé en bajar a la farmacia a comprar algo para mi dolor de cabeza. Sin embargo, estuve viendo la televisión aunque me dolía la cabeza. Pero al final acabé bajando a la farmacia para ver si encontraba algo para mi dolor de cabeza. Qué dolor de cabeza." Algo así, más o menos. Es claro que el autor lo hace intencionadamente, pero no sé cuál es la intención.
Sin embargo, es cuando narra el presente cuando el autor va dejando caer constantes y muy, muy interesantes reflexiones sobre la raza, la identidad, el colonialismo, la fuerza y su uso, y la lengua francesa. A ello le da pie no sólo las atrocidades que va contando Salagnon (y su reiterada conclusión: "Nos odiarán. Nos odiarán por esto."), así como un amigo que tiene, antiguo compañero de batallas, que lidera un grupo ultraderechista que propugna la expulsión de los inmigrantes y la potenciación de fuerzas especiales de policía, que acaban siendo una especie de robocops atléticos y bien adiestrados para el uso de la fuerza.
En definitiva, aun no conociendo a fondo los problemas actuales de la sociedad francesa en relación a la integración racial y cultural, creo que este libro da en el blanco de las preocupaciones que pueden tener nuestros vecinos del norte al respecto, que no deben de ser muy distintas de las nuestras. No da soluciones, pero insiste en que la fuerza no es la solución.
Si fuese Tip, lo calificaría con un notable alto. Se lo recomiendo.