
Original, perturbadora y bastante incomprendida en su día,
Magnolia me parece una obra maestra de nuestro tiempo.
Es, hasta cierto punto, el “reverso” de
Boogie Nights, la anterior obra de Paul Thomas Anderson, pues si entonces se contaba cómo funcionan las realidades que la hipocresía protestante americana prefiere fingir que no existen (esencialmente, la industria del porno), aquí se constata que las cosas no son menos sórdidas en la parte "confesable" de la narrativa americana (lo que la emparenta con
American Beauty, estrenada el mismo año y celebradísima desde el primer momento), sean concursos televisivos, relaciones familiares, autoridad, empleos, cuidados, sexualidad, etc. (alucinante la forma tan distinta de plantear la homosexualidad de distintos personajes, verbalizada en algunos casos, meramente sugerida o dudosa en otros). Se ha dicho a menudo que es una película que trata sobre el perdón, aunque yo diría más que trata sobre sus límites, sobre lo que debemos, lo que necesitamos y lo que no podemos perdonar, y sobre la sinceridad o mendacidad del relato que fabricamos al respecto.
Portentosas las actuaciones de Julianne Moore, Tom Cruise, William H. Macy, John C. Reilly y Philip Seymour Hoffmann; lo de Jason Robards directamente no es de este mundo.