Ulysses escribió:
Perdón, la comparación no era Martinelli vs Villazón, la comparación era Martinelli vs Gigli. Indudablemente Martinelli era un pregonero comparado con los de su quinta.
Hombre, veo que se ha animado bastante el debate en torno a Martinelli (quien sufrió una paliza inmerecida en su duelo con Bergonzi).
A este respecto diré que en su vocalidad influyó mucho la circunstancia de haberse desarrollado su carrera principalmente en EE.UU y ante un público que pedía voces grandes, poderosas, dramáticas y oscuras (en este sentido el recuerdo de Caruso permanecía imborrable), así como un tipo de canto más directo (propio de la nueva época), alejado de los melismas y la melifluidez (¿existe este "palabro"?) de tiempos anteriores. Este hecho --unido a la circunstancia de que su carrera se alargó muchos años y al final con unas condiciones vocales que no fueron las originarias-- puede hacernos pensar que Martinelli era inferior a algunos de sus contemporáneos más exquisitos --el mismo Gigli ya citado (algo remilgadito en ocasiones, para mi gusto), o el señorial Pertile (su paisano y dueño de un instrumento infinitamente más pobre que el de Martinelli)-- y un tanto tosco cantando, pero no cabe duda de que dominaba todos los resortes técnicos de la ortodoxia canora y que los empleaba a la perfección cuando la situación lo requería. Uno escucha sus grabaciones de los años
10 y
20 y se percata de que está ante un tenor de muchísimos quilates y calidad. Pero en épocas posteriores la cosa tampoco decayó precisamente. La
escena de la tumba en
Aida, a la que se nos remitía arriba, su
Manrico, su
Canio (sin los
excesos veristoides de otros) o el mismo
Otello, ya citado también, son muestras de lo que el tenor italiano era capaz de hacer. Al margen, por supuesto, de tener un instrumento de primer orden: timbrado,
squillante, viril, empastado, de gran proyección y facilísimo agudo.