
Si, como bien dice Mr Ghiaurov, el verismo fue algo bastante nocivo para sí mismo, para el no-verismo ni les cuento. No es que grabar Medea tras Callas fuese algo sin sentido para DECCA. Es cierto que la obra es tremendamente dependiente del talento de la protagonista titular, que si falla reduce la partitura casi a la irrelevancia, y es cierto que Callas sólo hubo una. Pero con todo, el propósito de una versión clasicista, sin cortes, con una joven y prometedora soprano y en las condiciones que proporciona un estudio no era un proyecto nada descabellado en origen.
El problema es que absolutamente nada de lo anterior consigue realizarse. Gwyneth Jones fue una peculiarísima cantante que vivió un proceso de decomputación y recomputación vocal, y aparte, otro proceso de decomputación y recomputación artística, y este disco la pilla en mitad de ninguna parte, yendo y viniendo, con ciertas capacidades y ciertas ideas sobre Medea, pero con problemas de agudo, problemas de italiano, problemones de estilo (no se supera a la Callas poniéndose más reinona, más verista y chillando más), y sobre todo, sin un concepto de Medea. Y el pretendido
Non sai tu che il mio talento passa il tuo? queda, por su propia pretenciosidad, muy Eve Harrington de segunda, niñata prodigio sin las bastantes tablas. Lo cual, visto con la perspectiva de todo lo que la Jones pudo acabar dando al melómano, resulta muy embarazoso.
Prevedi, algo apretado, solvente y romo, hace conocer la música de Jasón pero casi nada de su personalidad ni de su verdadero estilo. Justino Díaz se salva por los pelos, Pilar Lorengar hace una Glauce ya vocalmente problemática, y sobre todo, MUUUUY CUUURSI, y Fiorenza Cossotto (que, no me entiendan mal, es con mucho la que mejor está) no entiende ni el clasicismo cherubiniano, ni el personaje de Neris, ni por qué hay un fagot tocando en su aria. Gardelli, que es un señor al que yo suelo defender, abre cortes y saca un sonido esmerado de la orquesta, pero claudica de domar el disparate veristoide.