Una obra, dos compositores, tres sorpresas.
Si mal no recuerdo, ocurrió poco antes de Navidad. Estaba yo como Shrek, revolcándome feliz en mi ciénaga de abyección (seamos precisos: de información sobre la abyección) cuando en una lista de obras de Umberto Abyecto Giordano que había leído ya unas cuantas veces, se destacó un dato en el que no había reparado hasta ese momento: había escrito una “ópera” en colaboración con Alberto Franchetti. (Entrecomillo lo de ópera porque, como enseguida veréis, no es exactamente eso. La página donde lo leí no había hilado muy fino)
Primera sorpresa. ¡Ohimé!, gritó mi corazón. ¡Hélas!, pensó mi cabeza. ¡Atiza!, acabé diciendo yo. ¡Dos campeones de la abyección como Giordano y Franchetti habían unido sus fuerzas, y yo sin enterarme! E inmediatamente, me pregunté lo mismo que os preguntásteis vosotros cuando lo supísteis, o lo que os estaréis preguntando en este mismo momento si acabáis de enteraros: ¿Qué pudo salir de semejante coalición? Porque, teniendo en cuenta que hablamos de los autores de “Mala Vita” y “La figlia di Iorio”, lo mínimo que uno espera es una tragedia rural de proporciones numantinas. Un Puerto Urraco con música, o algo así.
Segunda sorpresa: la obra en cuestión se titula “Giove a Pompei”. Ah... De entrada, uno se queda parado. Un argumento mitológico, qué extraño. Pero bueno, vale. Después de todo, hablamos de Pompeya. Seguro que hay algún honor mancillado de por medio, alguna venganza pendiente o alguna vestal traidora, y que todo termina con la lava desbordándose por las calles, madres corriendo con sus bebés en brazos, gritos abyectos del estilo “¡Te amaré eternamente!” o “¡Los dioses me han vengado!”, y la aparatosa destrucción de la ciudad. No es numantino pero, por lo menos, queda wagneriano.
Pues tampoco. Y aquí viene la tercera y mayor sorpresa: “Giove a Pompei”... ¡es una opereta! Y no, ni siquiera es una opereta como las que por entonces empezaba a componer Franz Lehar, con finales desgarradores. Es una opereta al estilo Offenbach, una mezcla de “La bella Helena” (por la convivencia entre dioses y hombres) y “Golfus de Roma” (por su ubicación geográfica y temporal)
¿Qué, amigos abyectos? ¿Cómo os habéis quedado?

Claro, cuando uno descubre una cosa así lo primero que piensa es: “¡Al foro!” Pero ahora viene la segunda parte: ponte a buscar algún fragmento ilustrativo. Ya os podéis imaginar: ni en Opera Class, ni en Spotify, ni en amazon, ni en ninguno de los sitios donde uno recaba grabaciones habitualmente han oído hablar de ella. En cuanto a representaciones, naturalmente, constan dos: la primera y al mismo tiempo la última, como decía aquel humorista. El 5 de julio de 1921 se estrena en el Teatro all’aperto La Pariola, de Roma, con más éxito de público que de crítica. A los romanos de la Belle Epoque, según las crónicas, les impresionó el aparato escénico. Después de eso, no hay más.
La euforia se desinfla.
Mas, hete aquí que, en una pequeña ciudad separada de Pompeya por poco más de cien kilómetros, una entidad llamada “Música Cívica” organiza, entre noviembre de 2009 y febrero de 2010, la primera edición de unas jornadas culturales que consisten en ocho días de conferencias, cada una de ellas amenizada, ilustrada o arropada con un concierto. Como “La clave” pero con conciertos en vez de películas. Ahora mismo, en pleno febrero de 2012, están inmersos en la tercera edición. (
http://www.musicacivica.it/programma.asp) Pues bien, la quinta “Conversazione” entre palabra y música de la I Edición, celebrada el 17 de enero de 2010, lleva por título “Hombres y dioses a la sombra del Vesubio”. Y la obra que sigue a la charla, ¿cuál puede ser? ¡Sí! “Giove a Pompei”, que se presenta como la máxima atracción del ciclo.
Para entenderlo todo hay que decir que la pequeña ciudad que organiza esto es Foggia, cuna de Umberto Giordano, el abyecto entre los abyectos.
Por supuesto, la producción es modestísima. Para empezar, porque el programa de obras musicales que acompañan a las conferencias durante el ciclo no está concebido como una temporada lírica, sino de conciertos. El que se represente una ópera, aun en formato semiescenificado, es una excepción, justificada sólo porque se trata casi un estreno mundial, y además de una obra de su hijo más ilustre.
En segundo lugar, porque Foggia no dispone de los recursos de La Scala o de La Fenice, y ha de contentarse con una versión reducida, tanto en la duración de la obra como en la envergadura de la orquesta. Los cantantes que asumen los principales papeles son Cuneyt Unsal (barítono: Júpiter), Eugenio Leggiadri (bajo-barítono: Parvolo Patacca) y Raffaella Palumbo (soprano: Lalage) Marco Moresco dirige la Civica Orchestra.

El artículo periodístico que anuncia el evento habla del largo y difícil trabajo de reconstrucción realizado para sacar a la luz esta obra, teniendo en cuenta que desde hace aproximadamente un año, Casa Ricordi, por impulso e idea del maestro foggiano Dino De Palma (musicólogo y estudioso de Giordano), aceptó trabajar en la reconstrucción de la partitura que estaba perdida, y que nunca había sido interpretada con orquesta desde los años veinte. Del trabajo de Giordano tan sólo quedó la partitura para voz y piano (habiéndose interpretado algún aria en el Festival del Valle d’Itria), y partes aisladas para algunos instrumentos de la orquesta. Tras la petición de De Palma a Ricordi para llevar a término la reconstrucción, y después de varios meses de trabajo, éste se terminó en otoño de 2009 e inmediatamente se ofreció al público en el marco de esas jornadas organizadas por Música Cívica. El artículo sigue con unas declaraciones del director artístico de Música Cívica, el maestro Gianna Fratta, que habla del orgullo por haber recuperado esta obra, bla, bla, bla, y al final se viene arriba y expresa su esperanza de que en el futuro se represente en mejores condiciones e incluso se grabe en disco o DVD. Muy optimista me parece, pero, como no estamos hablando de España, podría ser. Allí, en Apulia, tienen incluso una asociación llamada “Foggia non dirle mai addio” y un “Proyecto Giordano”
Por el momento, el testimonio audiovisual que podemos ver en youtube no es que no recuerde precisamente a Rosellini ni a Fellini, es que entra directamente en la categoría de “Menos da una piedra” con cara de resignación incluida. Tres breves trailers donde apenas si se llega a oir un poco de la música compuesta al alimón por Giordano y Franchetti. Pero… el valor histórico, y sobre todo anecdótico, de este descubrimiento, merece, creo yo, que los veamos y así nos hacemos una idea de cómo es esta obra:
http://www.youtube.com/watch?v=CIlTmc_H ... e=youtu.behttp://www.youtube.com/watch?v=F1B5zuAnz5whttp://www.youtube.com/watch?v=kT513q8oFgcEl argumento, en tres actos, es el siguiente:
Año 79 d. C. Los pompeyanos intentan atraer a su ciudad el turismo cultural, ése que se chifla por los monumentos, las antigüedades clásicas y los restos arqueológicos. Pero, a diferencia de otras ciudades de su zona, como Roma o Nápoles, ellos no tienen nada que ofrecer en ese campo. Así que, ni cortos ni perezosos, falsifican las antigüedades, pintan sus casas con productos especiales para que parezcan casi de la época etrusca, y, lo que es peor porque atrae sobre ellos la ira divina, arrancan las estatuas de los dioses de sus emplazamientos en la ciudad y las entierran para desenterrarlas luego ante los crédulos turistas, haciéndoles creer que han sido testigos de un valioso hallazgo.
Ante tal estado de cosas, Júpiter decide intervenir y baja a Pompeya, acompañado por su fiel Ganímedes, a poner orden. A partir de aquí, la obra consiste en mostrar las diversas trampas y encerronas que los taimados pompeyanos van poniéndole al padre de los dioses (pasatiempos, juegos de inteligencia, situaciones dudosas…) para que desvíe su atención del objetivo con que ha ido allí. Pero Júpiter es mucho Júpiter. Se acaba dando cuenta de los intentos de engaño y con ello su ira aumenta, por lo que ordena a Vulcano que active el Vesubio a fin de arrasar la ciudad.
Los pompeyanos aún tienen una carta en la túnica: la bella Lalage, una campesina con la que Júpiter se ha encontrado en el mercado y de la que, como buen calavera que sabemos que es por otras operetas, se ha enamorado. Ellos confían en que Lalage interceda ante el dios. Y realmente lo hace, y logra suavizar el castigo, aunque no hasta el punto de obtener un perdón total. El dios mantiene la condena a la ciudad pero salva a sus habitantes, concediéndoles el tiempo justo para escapar antes de la erupción. Sin embargo, éstos, incorregibles, consideran que ver el volcán en acción es un espectáculo digno de ver, y se quedan a presenciar el acontecimiento. Con las consecuencias imaginables, claro.
Para terminar, expreso unas dudas que me han asaltado a raíz de esta obra, a ver si algún forero bien informado las despeja. ¿Cómo se compone una ópera entre dos autores? ¿Se reparten el libreto y uno compone una parte y el otro, otra? ¿Uno pone la casa y el otro la bebida, y se pegan tardes enteras discutiendo si aquí va un do sostenido o un re bemol? ¿Todo lo compone uno y el otro lo va revisando? Porque si ya resulta complicado a veces que se pongan de acuerdo entre el compositor y el libretista (todos conocemos trifulcas célebres), no sé cómo rayos lo harían para sintonizar entre dos compositores que, al menos en taquilla, debieron de ser rivales más de una vez. El caso de “Giove a Pompei” es especialmente duro porque, además de dos músicos, la opereta tuvo dos libretistas: Luigi Illica y Ettore Romagnoli. Qué cantidad de gente, ¿no? Tal vez, al final, esto no sea más que la demostración de esa frase que dice que es más difícil hacer reír que hacer llorar.
Entre Giordano y Franchetti no sé quien llevaría la voz cantante. Cierto que en 1921 el foggiano ya era una celebridad, pues tenía en su curriculo “Mala vita”, “Andrea Chénier”, “Fedora”, “Siberia” y “Madame Sans-Gêne”. De sus obras importantes sólo le faltaba por componer “La cena delle beffe”. Franchetti, siete años mayor, no tenía en su haber éxitos tan resonantes: “Asrael”, “Cristoforo Colombo”, “Germania”, “La figlia di Iorio”. Sin embargo, el turinés era tenido en muy alta consideración por sus contemporáneos. Fue el propio Verdi quien, en respuesta a una consulta del municipio de Génova, propuso su nombre para el “Cristoforo Colombo” con el que se quería celebrar los 400 años del descubrimiento de América. Al trío Puccini-Mascagni-Franchetti se le consideraba como el más prometedor de la “Giovane Scuola” y se decía que Puccini era el más melódico, Mascagni el más fogoso y Franchetti el más docto y erudito. Y me dejo lo mejor para el final. Giordano mismo reconoció que
"Franchetti è stato il maestro di tutti noi"A pesar de todo, cuando en la actualidad uno busca información sobre “Giove a Pompei”, lo normal es que se atribuya sólo a Giordano, o bien a ambos pero puntualizando lo de la colaboración como si el jefe hubiera sido Umberto Abyecto y Franchetti un mero ayudante. A la vista de cómo la historia ha relegado al olvido a este compositor (por demasiado intelectual, por las leyes raciales contra los judíos italianos promulgadas en 1938, no se sabe muy bien por qué) complicado se presenta el panorama para quien intente rehabilitarlo. Esperemos que alguien en Turín tenga tanto interés y ganas como han tenido Dino De Palma y los entusiastas foggianos para recuperar la obra de su conciudadano más famoso.