G. F. Händel – Faramondo (Lugano, 2009).
Max Emanuel Cencic (Faramondo), Philippe Jaroussky (Adolfo), Sophie Karthäuser (Clotilde), Marina De Liso (Rosimonda), Xavier Sabata (Gernando), In-Sung Sin (Gustavo), Fulvio Bettini (teobaldo), Terry Wey (Childerico).
I Barocchisti y Coro de la Radio Suiza. Dir.: Diego Fasolis. Faramondo es una obra poco agradecida para quienes no frecuentamos este repertorio. De entrada, tiene un libreto infumable. No es solo que el argumento sea inverosímil e intrincadísimo (¡al final se resuelve todo con dos bebés cambiados, igual les suena!), que eso casi se da por descontado. Es que las escenas son incongruentes y hay una permanente confusión de acciones y personajes. Ello se debe, probablemente, a la propia historia del libreto de Zeno, que perdió toda su parte inicial ya desde su primera adaptación para Gasparini y, cuando llegó al King’s Theater, sufrió una nueva poda que afectó más de la mitad de sus recitativos. Además –y a diferencia de otras óperas de Händel- en este caso la música no aclara la posición y sentimientos de los distintos personajes en cada momento; por lo que he leído, Händel cambió en el último momento la asignación de algunas de las arias en función del reparto, lo que explicaría, por ejemplo, la sensación alegre que transmiten determinados momentos dramáticos (
Se ben mi lisunga, por ejemplo) o la inconsistencia de algunas reacciones Sol la brama di vendetta no la canta la ofendida Clotilde, sino Gustavo, que acaba de insultarla). Por último, no me parece que la inspiración del músico alemán esté a la altura de sus obras mayores; más de la mitad de los números pasan sin pena ni gloria. También se comprende si tenemos en cuenta que algún estudioso ha calculado que diecisiete de sus arias están tomados prestados de autores tan poco señeros como Pistocchi o Keiser.
A pesar de todo, Händel nos reserva unas cuantas muestras de su genio, casi todas en la segunda mitad de la ópera. Cada uno de los componentes del sexteto protagonista tiene al menos una gran aria (para mi gusto, las mejores son
Se a piedi tuoi morrò de Adolfo y
Sì, l’intendesti de Rosimonda), hay un par de buenos duetos y el final es de notable alto.
La versión escuchada –tampoco debe de haber mucha alternativa- es otra prueba de fuego para no barroqueros, sobre todo por la presencia de nada menos que cuatro contratenores. Teniendo en cuenta que el papel del protagonista que da título a la obra es el único inicialmente pensado para castrato y que los otros tres se concibieron para soprano, contralto y tiple, uno se pregunta qué clase de argumentación historicista justifica tal despliegue de voces afalsetadas. Está claro que esta no es mi cuerda favorita y además ninguno de los contratenores que puedo llegar a disfrutar está en el repóker de
Faramondo. Emmanuel Cencic y Philippe Jaroussky tienen voces muy diferentes bien acomodadas a sus respectivos papeles y hay que reconocerles a ambos un dominio de su técnica que les permite dar todas las notas con precisión y agilidad, pero no puedo con la falta de vibración y armónicos de esas voces; escucharles me deja la misma sensación que las competiciones de patinaje sobre hielo. El caso de Sabata es algo distinto, pero a peor: si alguno de sus incondicionales consigue convencerme de que lo que se escucha en
Voglio que mora es cantar, me tendré que pasar inmediatamente al reguetón. El resto del elenco es más llevadero para mí. La Clotilde de Sophie Karthäuser se escucha con agrado, a pesar de que sus frases sean bastante lineales (sositas en
Combattuta da due venti) y pase apurillos en algún aria, In-Sung Kim impone sus poderosos graves –infladillos y artificiales, eso sí- en medio de tanta voz aguda y con quien más he disfrutado es con Marina de Liso (ni idea: ¿española? ¿italiana?), que tanto en su aria de referencia como en su dúo con Cencic despliega un amplio registro con seguridad y expresividad.
La dirección del evento corre a cargo del suizo Diego Fasolis al frente de I Barocchisti, intérpretes de reconocida competencia. Tienen ese alegría característica de los intérpretes barrocos italianos de la actualidad, aunque sin los excesos nerviosos de los Dantone y compañía. La instrumentación es austeramente historicista, pero apostaría a que con alguna licencia (¿ese órgano?).