
me ha dado por repasar rigolettos. ando puliendo algunas opiniones.
y tenía curiosidad por volver a darle un tiento al de Bastianini. la impresión general de este cantante es que tenía unos medios privilegiados pero una incapacidad manifiesta para darles un uso inteligente. este Rigoletto es una prueba palpable. la voz es fabulosa, homogénea siempre, timbradísima, expresiva y rotunda, con un color levemente oscuro que lo convierte en un barítono con todas las letras. pero ahí queda la cosa. su interpretación se limita a hacer exhibición de timbre y de agudos, eso sí, siempre en forte o mezzoforte, incapaz de plegarse a las indicaciones de la partitura para buscar un sonido más íntimo o acariciador, principalmente en los dúos con Gilda o su monólogo del primer acto. el resultado, por tanto, es una encarnación monótona y aburrida. Giudici tiende a justificar a Bastianini como un hijo de su época, heredero de la tradición ruffesca, afectado por los vicios veristas y coetáneos poco brillantes como Protti, Capecchi o Gobbi. por cierto, a saber lo que hubiera hecho éste último con una voz como la de Bastianini, y no con el estropajo ese que tenía en las cuerdas vocales. en resumen, le invade a uno una sensación de ocasión perdida para haber cuajado un Rigoletto grande grande, y no uno más del montón. por cierto, encuentro en Bastianini un antecesor de Nucci, por ejemplo, salvando las diferencias tímbricas evidentes, si bien nuestro contemporáneo sí ha conseguido a lo largo de los años algo más que un jorobado gritón.
pequeña decepción en la batuta de Gavazzeni, que encuentro rutinaria por momentos. es cierto que hay diversidad en las dinámicas, pero fruto de algunos tempi caprichosos repartidos en según qué escenas. al barítono y la soprano siempre los mima, mientras que con Kraus no tiene problemas en acelerar el ritmo a veces de manera innecesaria. lenta la Donna, igualmente lento el Bella Figlia. y un sonido orquestal demasiado artificioso, en las antípodas de Kubelik.
y aunque haya sido ya mil veces comentado, sigue siendo un lujo escuchar la insultante levedad con que Kraus canta el Duca. en la grabación da la sensación de que la voz no es grande, pero comunicativa como pocas. la altanería y la spavalderia de su interpretación es una cumbre del personaje, una faceta perfectamente compatible con la seducción canalla que encarna Pavarotti, menos aristocrático que el tenor español, ambos equidistantes de ese punto intermedio donde emerge Bergonzi.
la Scotto a mí me gusta más aquí que unos años más tarde con DFD. en esta grabación hay menos sonidos fijos en el agudo, el timbre suena fresco y lozano, aunque pueda faltar ese punto de madurez para reflejar la evolución del personaje conforme avanza la obra.