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Introitus et Kyrie
I. Introitus et Kyrie
II. Graduale
III. Dies irae
IV. Offertorium
V. Sanctus
VI. Pie Jesu
VII. Agnus Dei
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<tr><td width="250">Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Te decet hymnus Deus, in Sion, et tibi reddetur votum in Jerusalem. Exaudi orationem meam; ad te omnis caro veniet. Requiem æternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis.
Kyrie eleison; Christe eleison; Kyrie eleison.</td><td width="250">Dales, Señor, el eterno descanso, y que la luz perpetua los ilumine. En Sión cantan tus alabanzas, y en Jerusalén te ofrecen sacrificios. Escucha mis plegarias, Tú, hacia quien van todos los mortales. Dales, Señor, el eterno descanso, y que la luz perpetua los ilumine.
Señor, ten piedad; Cristo, ten piedad; Señor, ten piedad.</td></tr>
</table>
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Una breve introducción de chelo y fagot y Requiem aeternam, casi un susurro que crece y desaparece. Silencio. Vuelven, chelo y fagot, dona eis Domine. Et lux perpetua. Luceat eis: gran crescendo y pianísimo súbito. Cuerdas sin violines nos devuelven al silencio. Aparecen las altos, te ofrecen himnos: sopranos, bajos y tenores. Se funden en un Sion delicioso y lastimero. El coro eleva su plegaria, y es como si el mundo entero susurrase et tibi, reddetur votum en una letanía continua de mujeres y de hombres. La oración se hunde en un cromatismo desesperado que crece hasta el desgarrador sforzando, y en un recuerdo de la brevedad de la carne, las cuatro voces se entrelazan en una melodía de humildad y esperanza.
Vuelven chelo y fagot, el coro vuelve, es el principio de nuevo. Descanso eterno para el difunto. Pero como empujado por las violas, desaparecen los silencios, la música se vuelve urgencia, y es como si ya no pidieran por el otro, sino por sí mismos. Los sutiles arpegios del violonchelo elevan la voz del tenor en un esfuerzo por ascender al mismo cielo, momento más bello, en que sopranos y tenores sobrevuelan en la trascendencia de los timbales en pianísimo. El bajo, que era “solo” el pedal de aquellas intentonas sublimes, devuelve la música a la realidad en una escala descendente truncada. Introitus termina como una sombra, que parece definitiva. Pero otra vez es el chelo quien lleva la música hacia delante: las altos comienzan de la mano un Kyrie que desemboca en eleison, donde él calla, y el coro suplica. Tres veces en las que la melodía conduce al coro, alcanza el paroxismo y muere en el do-mi-sol. Los últimos recuerdos de viola, fagot y chelo no logran más que arrancar unos susurros desmayados del coro, que repite eleison, eleison, eleison… Se extinguen los latidos de las violas y la orquesta se hunde en un frío de muerte.
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Última edición por Anjemmaat el 27 Sep 2010 22:03, editado 5 veces en total
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