NICO escribió:
Enhorabuena a Wanderer, justo vencedor.
Bueno, hemos debutado en este juego y perdido a la primera, pero hemos aprendido cosas y anotado para la edición del 2016 en que el Centro Lírico Sota Caballo Rey ofrecerá un cartel con el que ganará a todos la partida

En primer lugar, gracias a Nico por su caballerosa felicitación. La verdad es que preferiría que el juego se hubiera disputado bajo el sistema de liga y no a través del de eliminatorias que parece que se seguirá, y que provocará que a las primeras de cambio queden apartadas toda una serie de propuestas interesantes de los foreros en funciones de directores artísticos imaginarios. Como por ejemplo ese magnífico
Samson por Barenboim, no tan irreal como pudiera pensarse cuando se repara en que sin ir más lejos el año que viene el bonaerense asumirá un
Orfeo ed Euridice.
En segundo lugar, el Wanderer-Theater apoyará de manera expresa una modificación de las reglas del juego, de cara a futuras ediciones del mismo, que permita considerar
Der Ring des Nibelungen como lo que es, una sola obra, y no como se ha determinado en esta edición, en que su programación hubiese copado cuatro de los nueve programas disponibles. El Wanderer-Theater ha optado en tal tesitura por renunciar a presentar la magna obra wagneriana, cuya programación como tal ciclo se hace en las condiciones expuestas prácticamente inviable. El Wanderer-Theater va más allá y se atreve a sugerir la posibilidad de otorgar a los programadores alguna mayor flexibilidad en cuanto al número de títulos, por ejemplo de 7 a 12, o por ejemplo
Der Ring des Nibelungen más otros 6 títulos. En el mundo real hay muchos tipos de programaciones y en el mundo imaginario también podría haberlas.
En tercer lugar, y esta ya no es una opinión institucional del Wanderer-Theater sino personal del Wanderer, lo que no tiene ningún sentido artístico, ni musical ni teatral, es programar un
Anillo del Nibelungo como el que está programándose en el Liceu, a razón de un título por año, de manera que cuando acabe el ciclo en la próxima temporada será ya más que difícil acordarse de como empezó aquello tres años antes. Menos aún lógica tiene la cosa cuando no se trata de la creación de una producción nueva sino del (desventurado) alquiler de una (mediocre) ya existente, de manera que se podía disponer desde el primer momento de todos los elementos de la producción. Y menos lógica todavía cuando no parece que haya intención alguna de presentar las cuatro obras en forma de ciclo, a la conclusión del mismo, para poder ser apreciadas en una sola ocasión. Como se ha hecho a modo de culminación en Valencia, en Milán o en París en los últimos años con
Anillos que fueron en principio presentándose en el espacio de más de una temporada. Si las razones de todo esto son prácticas, logísticas o económicas, el Wanderer opina que cuando algo no se puede hacer, lo mejor es no intentarlo.
En cuarto lugar, y de nuevo institucionalmente, respondiendo a los varios comentarios que han considerado que no tiene sentido programar un título nuevo si no se conoce el compositor. En el caso de la ópera de nueva creación, lo cierto es que la obra previa de un gran número (por no decir la mayoría) de los compositores es conocida de manera insuficiente (por no decir desconocida completamente) por la mayor parte del público. Así sucede por ejemplo con
South Pole, el nuevo título que se estrenará en la próxima temporada con todos los honores en la Ópera de Baviera: su autor, Miroslav Srnka, es a día de hoy hasta donde se me alcanza un casi completo desconocido (en la cornucopia de saberes que es este foro, solamente hay un mensaje anterior a este donde se le mencione), y sin embargo el proyecto se ha confiado por el teatro a su director titular, a uno de los directores de escena más renombrados en Alemania, y a un equipo de cantantes muy conocidos y populares. Y por el teatro se destaca al anunciar el proyecto el atractivo de la historia que relatará la ópera, la del descubrimiento del Polo Sur. En el caso de un título nuevo, y siguiendo estos mismos presupuestos, el Wanderer-Theater ha optado por apelar también ante todo a la
curiosidad del público: aquí lo esencial es el atractivo de descubrir una obra
nueva, y lo único que en tales condiciones puede intentar asegurarse es la competencia del equipo artístico reunido para ponerla en pie.